lunes, 18 de septiembre de 2023

INCLINACIONES, RECTITUD, Cavarero, Artemisia

 Convencida, como está, de la normatividad del eje (verticalidad-rectitud) del derecho, la filosofía sostiene que, más allá de su inmensa variedad, todas las inclinaciones son tendencialmente malignas o, por lo menos peligrosas y, por lo tanto, necesitan ser rectificadas. Convencidos de lo contrario, los artistas piensan, en cambio, que la inclinación al arte nace bajo una buena estrella y por ello es admirable a la vez que constitutivamente benigna...


Una breve digresión etimológica puede clarificar ulteriormente la cuestión. Como ya se ha señalado, conservando el mismo sonido en lengua italiana, así como en otras lenguas modernas, el término inclinación deriva del verbo latino inclinare, a su vez derivado del griego KLINEIN: plegar, tener pendiente, apoyar. A la misma familia pertenecen vocablos como declino o inclino, siempre denotando una pendiente, un pliegue. Es justamente la normatividad del eje vertical la que organiza el imaginario geométrico en la cual esta serie de palabras encuentra su significado fundamental...


La referencia etimológica al verbo griego KLINO es aquí todavía más directa. En el tardío imaginario del atomismo, hay una materia originaria en trayectoria recta que sufre un pliegue, o bien hay un movimiento rectilíneo que se desvía, tiene un viraje y asume una dirección oblicua, así como, sintomáicamente, creadora. La monótona lluvia de las partículas indivisibles, que de otra forma se precipitarían infinitamente en paralelo, puede de esta forma abrirse a la aventura de un desencuentro que es un encuentro y de una conjugación que es generación. Dicho con otras palabras, la inclinación, en el atomismo, es a la vez relación y generación, o sea, es aquello que vuelve posible la formación de las cosas visibles como compuestos de átomos y, por lo tanto, el mundo. Sin el CLINAMEN "la naturaleza no habría creado nada", afirma Lucrecio;' y Derrida comenta: "Solo esta desviación puede desviar una destinación imperturbable e inflexible", solo la inclinación que provoca "un viraje a la simple verticalidad" puede interrumpir la caída paralela de los átomos y su fatalidad mecánica...


A la luz de la verticalidad que domina en la historia de la ontología, se trata de cambiar de registro o reposicionar la mirada, esforzándose en imaginar una geometría de variables posturales en las cuales la inclinación asume un rol «modular». Cuando se propone el modelo relacional en vez del individualista, y por lo tanto la subjetividad altruista en vez del sujeto egoísta, la inclinación puede de hecho convertirse en el módulo a partir del cual se componga el diseño, o bien su motivo recurrente, la postura prevaleciente...


Justamente el pliegue de la madre sobre el niño se presta, en efecto, con objeto de ser estratégicamente explotada para hacer de la inclinación un buen punto de partida a los fines de repensar la ontología de lo vulnerable, y su constitutiva relacionalidad, en los términos de una geometría postural que, lejos de disponer lo humano sobre el eje de lo recto, lo dispone, en cambio, según múltiples directrices contextuales, contingentes e intermitentes, y a veces hasta casuales...


Esquemas basados sobre la verticalidad y la simetría resultan aquí, en concreto, una anomalía; y la idea de un "sujeto que sostiene por sí solo, que busca reensamblar la propia y desvariada entereza, al precio de negar la propia vulnerabilidad, la propia dependencia, el propio estar expuesto" (Butler), es un patético desacierto...


Adriana Cavarero

INCLINACIONES

Crítica de la rectitud

Fragmenta Ed. 2022


viernes, 8 de septiembre de 2023

PODER DE LA TERNURA, Anne Dufourmantelle, Cahterine Malabou

 Es muy raro que un libro de filosofía adopte la forma del tema del que habla: convertirse en sustancia cuando aborda la materia, en geometría cuando aborda la superficie, o incluso impacientarse cuando aborda el tiempo. El PODER DE LA TERNURA logra la increíble hazaña de ser un libro tierno. De ser un libro "sobre" la ternura escrito "por" la ternura misma: un libro donde la ternura es simultáneamente sujeto y objeto.


Había que permitir que la ternura encontrara su propia voz, que la inventara, ya que, como explica con gran claridad Anne Dufourmantelle, la ternura nunca está dada. Lo que significa principalmente que no existe como concepto filosófico. No existe una definición al respecto. ¿Qué es la ternura? Ningún pensador ha considerado jamás la cuestión temáticamente.

Por tanto, aquí debe presentarse la ternura a sí misma. Pero como la rígida determinación conceptual no le conviene, la ternua aparece gradualmente a través de una serie de cuadros que le dan forma. De hecho, nos sorprende descubrir una escritura pictórica. En efecto, somos testigos, maravillados, de una escritura que es pictórica.

Jardines, animales, una niña jugando con figuras navideñas, un "cárdigan color albaricoque", "alas de mariposa enroscadas dentro de su capullo"... Normalmente un artista dibuja antes de pintar; esta vez es el dibujo el que emerge de la pintura. A lo largo del camino, poco a poco, la ternura va tomando forma, existe, por fin se hace pensable.

Decir que la gentileza no está dada significa también que se cultiva, que no es "natural", aunque la naturaleza puede ser tierna. Que es una virtud. E incluso se podría decir que una vez finalizado el recorrido lector, la ternura aparece como fundamento mismo de la ética, por lo que "atacar la ternura es un crimen incalificable".

¿Qué es entonces la ternura y qué nos dice? ¡El título lo dice todo! Los capítulos de los cuadros revelan que en realidad la ternura, aunque no es un concepto, aunque no es una fuerza, es sin embargo una noción poderosa. Tiene varios nombres y varias características en todos los idiomas y todas las culturas. "En latín dulcis significa todas las ternuras posibles y "suavitas" describe al mismo Dios". En griego se encuentran las palabras proates y praüs, que la Vulgata traduce como ácaros, pobres y mansos: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra", como se lee en las Bienaventuranzas. "En hebreo la ternura se expresa como 'navah' y denota a alguien que es humilde, bajo." Continuamos este viaje con los Vedas a través de la resistencia no violenta de Gandhi -uno de los cuadros más bellos del libro, donde se ve al Mahatma en diálogo con sus tres grandes interlocutores, Tolstoi, Ruskin y Thoreau.

La luz compartida por todos estos cuadros y todos estos contextos es la de lo sagrado. No me refiero a los religiosos. La ternura es "un atributo de Dios" antes que un valor humano, pero se puede aprender, adquirir y no venerar como a una divinidad lejana. Frente a esta luz, con una riqueza y una profusión inesperada -quién hubiera podido creer que la ternura fuera tan fecunda- de múltiples motivos políticos y morales: justicia, perdón, paz, generosidad, escucha.

Pero al comienzo surge la pregunta sobre lo opuesto a la ternura ¿Qué es? La respuesta es clara: la violencia, la guerra, el crimen, la masacre, el genocidio... Pero uno de los puntos más sorprendentes del libro es el argumento de que el verdadero enemigo de la ternur es... la ternura. Una falsa ternura, esa pasividad que se nos vende a través técnica comercial New Age, de relajación o de un uso escesivo del significado de "zen". Esta ternura que una no siente y que es otro nombre para la indiferencia hacia la auténtica ternura. "La ternura vende. Está puesta ante nosotros en todas sus formas, en todas partes, constantemente. Es un argumento económico pagado a cuenta de algo que no tiene nada que ver con ella". O más tarde: la ternura también está dividida en dos por los órganos de control socioeconómico. En el lado carnal, está bastardeada hasta convertirla en tontería. En el lado espiritual, en pociones new age y otros métodos que compiten para hacernos creer que basta con creer en ellos para que todo funcione. Las teorías de auto-ayuda y búsqueda de la felicidad participan a pesar de sí mismas en este gran mercado del "bienestar" que se niega a entrar en la negatividad, la confusión y el miedo como elementos humanos esenciales, paralizando tanto el futuro como el presente.

¡Qué análisis tan revelador!

¿Pero significa esto que la verdadera ternura contiene un elemento de negatividad? Así es, de hecho, y ahí radica el meollo del problema: la ternura tiene su propia dialéctica. No la dialéctica que aplasta, sino la dialéctica que enfrenta todos los matices de lo amable, matices que pueden desvanecerse hasta convertirse en negro. Porque si las caricias, los juegos eróticos, los cuerpos de los niños, el pelo, el vientre de los gatos... son suaves y tiernos, la renuncia del moribundo que se deja llevar también lo es. Hay ternura en la despedida de la vida, en la "desconexión, la ilusión de la desconexión total", en el abandono, en el duelo, en la renuncia.

Nos gustaría poder presentar aquí todas las referencias artísticas que sustentan pictóricamente lo filosófico. La literatura, Tolstoi, Melville, Hugo (una maravillosa lectura de El hombre que ríe), el cine (Dolce Vita), la pintura misma (Rembrandt, Giotto).... Cada cuadro es una sorpresa y una celebración de la mente y de los sentidos. (“como si nuestros sentidos estuvieran en carne viva”).

¿Qué sabemos entonces al final de este viaje inagotable sobre lo que es la ternura? Porque ésta era la pregunta... Bueno, la ternura no es exactamente bondad, no es exactamente el bien, no es exactamente la generosidad, no es exactamente el gusto de azúcar (dulce), no es exactamente la calidad del terciopelo, no es exactamente un sonido de baja intensidad (música tranquila, pedal suave), no es exactamente lo clandestino (dejar a escondidas). Es todo esto simultáneamente sin que ninguno de estos elementos sea más que el otro.

Este brillo conceptual está a la altura de su ambición. El PODER DE LA TERNURA es un texto importante que nos enseña, nos consuela, también nos inquieta, que en todo caso nos toca, siempre, en cada momento. De este libro tan dedicado a la fragilidad, el lector emerge, y es indiscutible, mucho más fuerte.

CATHERINE MALABOU (dcha. imágen)
prólogo a 
EL PODER DE LA TERNURA 
de Anne Dufourmantelle (izqda. imágen)



miércoles, 12 de octubre de 2022

Thomas Bernhard, Sí

 A mí siempre me habían gustado las llamadas personas filósofas, no los verdaderos filósofos que me encontraba en la vida y que, todos, nada tenían que ver con los verdaderos filósofos, siempre me había sentido repelido por su filosofia de maestro de escuela y, por tanto, por su charlatanería filosófica. No es ésta época de filósofos, todos los que hoy se llaman así son en verdad sólo falsamente y de forma totalmente engañosa así llamados y nada más que rumiantes de filosofía brutos y antisensibles totalmente ordinarios, que viven todos publicando cientos y miles de pensamientos rancios de segunda y tercera y cuarta mano, en las salas de conferencias y en el mercado editorial. No hay filósofos actuales. Pero existe la persona filósofa, yo mismo me considero una de esas personas filósofas y probablemente también la Persa era una de esas personas filósofas. Pero, naturalmente, uno de esos filósofos es también sólo una persona que filosofa. 

...

En el fondo, no era ella la que impedía un dialogo o aunque solo fuera una conversacion, sino yo, porque no estaba acostumbrado a estar con una persona de las llamadas intelectuales y la Persa, eso me había resultado evidente en seguida, era una de esas personas intelectuales, a diferencia de su compañero, el Suizo, que no lo era. Qué había esperado yo de ese paseo? Terminó con que, mojados los dos, en fin de cuentas también ella, hasta los huesos, volvimos a la fonda y nos sentamos en un rincón de la sala... Sin embargo, realmente no había necesidad de ninguna conversación audible entre ella y yo, porque conversábamos ya desde hacía muchísimo tiempo, aunque no con palabras expresas. Conversábamos en silencio y nuestra conversación era una de las más interesantes que puede imaginarse; palabras pronunciadas y ordenadas para ser oídas no hubieran podido tener el efecto de ese silencio. Así estuvimos más de una hora sentados en la sala, mudos, pero en un estado de ánimo agradable. 


Thomas Bernhard

(Suhrkamp Verlag 1978)

Trad. Miguel Sáenz

Primera Ed. Anagrama 1981


La comprensión llega siempre, como había tenido que reconocer en mi mente de la forma más dolorosa, demasiado tarde y sólo queda, si es que queda algo, la desesperación, o sea, la comprensión directa del hecho de que ese estado devastador y, por tanto, intelectual, sentimental y, en fin de cuentas, corporalmente devastador, surgido de pronto, no puede cambiarse ya, ni por ningún medio. La verdad es que, antes de que los Suizos aparecieran, tuve que existir durante meses en mi casa en un estado apático, en el que, la mayor parte del tiempo, nada más que la introspección era posible y no podía pensar en ningún trabajo, ni mucho menos en un trabajo cientifico, meses desde luego en los que sólo estaba despierto para la más terrible introspección, hasta agotarme por completo en esa introspección terrible. Tenía la continua necesidad de estar con otras personas, pero no ya las fuerzas para ello y, por tanto, no tenía ya ninguna posibilidad de establecer el contacto más mínimo y sólo con los mayores esfuerzos de la inteligencia y del cuerpo me había sido posible, al menos en ciertos períodos simplemente necesarios para la existencia, visitar a Moritz, pasar en casa de Moritz unas horas, lo que, sin embargo, sólo había sido posible con las mayores dificultades y siempre un acto de la autorrenuncia más extrema. 

Los intelectuales caen muy aprisa en la falta de contactos cuando creen que tienen que concentrarse en un trabajo cientifico o, en general, en un trabajo intelectual, en lo que a mí se refiere. había creído que tenía que renunciar a todos los contactos por mi trabajo intelectual y había renunciado a todos poco a poco y, con mi decisión de renunciar a todos esos contactos, había ofendido a muchos y en definitiva a todos aquellos con los que alguna vez había tenido contacto, lo que, sin embargo, teniendo en cuenta siempre mi trabajo intelectual, me había sido siempre indiferente, mi proceder en relación al trabajo intelectual había sido siempre el más desconsiderado de los procederes, ya muy pronto no había tolerado la menor perturbación de mi trabajo intelectual, y, por tanto, con mis estudios científicos. 

Y había creído realmente poder quedarme solo con mi trabajo científico, poder aguantar sólo con mis estudios científicos durante toda la vida y llegar solo, solamente con esos estudios científicos, a mi objetivo, lo que, sin embargo, poco a poco y de pronto con la mayor certeza, hubo de revelarse como totalmente inviable y totalmente imposible. Si, realmente había creido poder existir sólo con mi trabajo y, por tanto, solo con mi trabajo cientifico, sin nadie, mucho, muchísimo tiempo lo había creído, durante años, quizá durante decenios, hasta el momento en que había comprendido que nadie puede vivir sin nadie y solamente con su trabajo solo. Sin embargo, por lo que a mí se refiere, había llevado mi existencia demasiado lejos hacia el aislamiento, tenía que reconocer que, desde donde me encontraba, no podía ya volver. Por eso sencillamente, a partir de un momento determinado, me había resignado a no poder volver atrás. 

En ese estado había existido durante años en mi casa, y tampoco había hecho ya ninguna clase de progresos, porque había renunciado a todo. Durante años, todos mis esfuerzos por volver a salir de ese estado habían fracasado. Me despertaba y despertaba en medio de un completo hastio vital. Si había iniciado algo por la mañana, había sido sólo el mecanismo siempre igual de la incapacidad vital y del vital hastio, y no habia podido pensar ya en ningún trabajo, ni el más pequeño, lo que sólo empeoraba, de día en día, mi deprimición. En lugar de poder trabajar, me sentaba durante días, durante semanas, durante meses ante mis escritos, sin poder hacer lo más minimo con ellos. Me despertaba y me daban miedo esos escritos, y daba vueltas por la casa, primero daba vueltas por arriba, luego daba vueltas por abajo, y me entregaba a actividades cada vez más totalmente inútiles, que nada más me apartaban de mi verdadero trabajo, si abusaba de esas actividades y ocupaciones en sí y de por sí por completo absurdas, no era nada más que para apartarme de mi trabajo intelectual, de mis estudios cientificos y de los escritos correspondientes, de los que, con el tiempo, tuve autentico miedo y que, poco a poco, había llevado a una buhardilla y encerrado allí, para no tener ya contacto con ellos. Solo la vista de esos escritos me daba náuseas...


Ed. Limitada Anagrama 2015


martes, 6 de septiembre de 2022

Albert Camus, absurdo, verano, sol, enigma, nihilismo

 ¿Dónde está el absurdo de este mundo? ¿Es este resplandor o el recuerdo de su ausencia? Conservando tanto sol en la memoria, ¿cómo pude apostar a favor de la falta de sentido? A mi alrededor todos se asombran de ello; y a veces yo mismo también me asombro. Podría replicar, y a la vez replicarme, que precisamente el sol me llevó a ello y que su luz, a fuerza de ser espesa, coagula el universo y sus formas en un deslumbramiento oscuro. Pero esto también puede expresarse de otro modo, y frente a esa claridad blanca y negra, que para mi fue siempre la de la verdad, quisiera explicar sencillamente ese absurdo que conozco demasiado para tolerar que se discurra sobre él sin matices. Hablar de ese absurdo nos llevará a la postre nuevamente al sol.


Ningún hombre puede decir lo que es. Pero ocurre que si puede decir lo que no es. En general se pretende que aquel que aún busca haya legado a una conclusión. Mil voces le anuncian ya lo que ha encontrado y, sin embargo, el que busca, bien lo sabe, no es esos. ¿Hay que seguir buscando entonces y dejar que digan lo que quieran? Desde luego, Pero de cuando en cuando es necesario defenderse. Yo no sé lo que busco. Lo nombro con prudencia, me desdigo, me repito, avanzo y retrocedo. Se me exige, sin embargo que diga los nombres, o el nombre, de una vez por todas. Entonces me encabrito. ¿Acaso no se ha perdido ya lo que se ha nombrado? He aquí al menos lo que puedo intentar decir...


Desde el momento mismo en que se afirma que todo carece de sentido, se expresa algo que tiene sentido. Negarle al mundo toda significación supone suprimir todo juicio de valor. Pero vivir, y por ejemplo alimentarse, es en sí mismo un juicio de valor. Se elige la permanencia de la vida desde el instante en que uno no se deja morir, y entonces ya se le reconoce a la vida un valor al menos relativo. 


¿Qué signitica, en suma, una literatura desesperada? La desesperación es silenciosa. El silencio mismo, a la postre, tiene un sentido si los ojos hablan. La verdadera desesperación es agonía, tumba o abismo. Si la desesperación habla, si razona, si, sobre todo, escribe, entonces el hermano nos tiende la mano, el árbol queda justificado, el amor nace. Una literatura desesperada es una contradicción en sus términos de enunciación. 


Claro es que no adolezco precisamente de optimismo. Crecí, como todos los hombres de mi edad, entre los tambores de la Primera Guerra, y nuestra historia desde entonces no ha dejado de ser crimen, injusticia o violencia. Pero el verdadero pesimismo consiste en  encarecer tanta crueldad e infamia.


Por mi parte, nunca he dejado de luchar contra ese deshonor y no odio sino a los crueles. En medio del más negro de nuestro nihilismo, solo busqué razones que permitieran superarlo. Y no lo hice, por lo demás, por virtud ni por una rara elevación del alma, sino por una fidelidad instintiva a una luz en la cual nací y en la cual, desde hace miles de años, los hombres aprendieron a celebrar la vida hasta en el sufrimiento. Esquilo es a menudo desesperante; sin embargo, irradia rayos de luz y reconforta. No es el flaco absurdo lo que encontramos en el centro de su universo, sino el enigma, es decir, un sentido que no podemos descifrar bien porque deslumbra. Del mismo modo, a los hijos indignos pero obstinadamente fieles de Grecia, que sobreviven aún en este siglo descarnado, podra parecerles insostenible el incendio de nuestra historia, pero lo soportan de todos modos, porque quieren comprenderlo. En el centro de nuestra obra, por negra que esta sea, brilla un sol inextinguible, el mismo que grita hoy a través del llano y las colinas.


París es una caverna admirable y sus hombres, viendo agitarse sus propias sombras sobre la pared del fondo, las toman por la única realidad. He ahí la extraña y fugitiva reputación que esta ciudad dispensa. Pero, lejos de París, hemos aprendido que hay una luz a nuestras espaldas, que es menester que nos volvamos, liberándonos de los lazos que nos atan, para mirarla de frente, y que nuestro cometido antes de morir consiste en intentar, a través de todas las palabras, nombrarla. Evidentemente cada artista está empeñado en buscar su propia verdad. Si es grande, su obra se le aproxima o, al menos, gravita muy cerca de ese centro, sol oculto, donde un día todo arderá. Si es mediocre, cada una de sus obras lo alejará de ese centro, y este, al estar por todas partes, hará que la luz se deshaga. Pero únicamente pueden ayudar al artista en su obstinada búsqueda aquellos que lo aman y también aquellos que, amándolo o creando ellos mismos, encuentran en su propia pasión la medida de todas las pasiones, lo cual significa que saben juzgar. 


Albert Camus

"El enigma" en

Bodas. El verano

DeBolsillo 2021




martes, 23 de agosto de 2022

Aldo Pellegrini, Variaciones sobre los viajes, Distribución del silencio, surrealismo

 Variaciones sobre los viajes 


Un horizonte de repeticiones los condenados secuestran la libertad 


el día es bello una mujer se pierde en la ventanilla de un tren que pasa 


la libertad se complace en la impureza del tejido humano 


embelesada en su falta de motivos la vida transcurre las sagradas criaturas danzan enternecidas 


una breve pausa para descargar las blasfemias 


Un nuevo aspecto de la conciencia crece de pie los héroes muestran el color de sus cefaleas 


la ilusión marchita los rostros una nube rezagada atraviesa lentamente el deseo 


la provechosa jornada de la exploración del odio la miseria fosforescente realiza violentos virajes 


concluye el viaje y enrollan los ríos guardan el paisaje para una oportunidad mejor 



Sonríe pequeño monstruo 


para evitar la alegría el tiempo fluye hacia una época vegetal 


años de piedra y de quietud el sueño nunca será suficiente 


en los solemnes monasterios con la más extremada caridad se distribuye el pan de la angustia 


la caridad corroe la cara visceral del alma 


los idólatras de la divinidad de la distancia vuelven a partir 


un viaje sin esperanza los comediantes componen su farsa un minuto de reposo para que renazca el mal humor 


se despide a los que llegan la partida y la llegada cambian de signo 


la vida y la muerte pierden las señales que las caracterizan 



Lamentable confusión un viaje tan hermoso en las estaciones descargan la libertad 


la existencia enrojece justo en el momento en que la abofetean 


penosa coincidencia la pequeña risa se hincha hasta desgarrar la carne 


una espuma muy conocida los borrachos sacrifican al juego de la afrenta en el rostro 


la parte mejor de su inconsciencia 


se distribuyen migajas mientras un dios de sobremesa 


observa conmovido el martirio de las sagradas criaturas 



Pequeño monstruo 


desecha la altura inmóvil y el cobre del canto 


observa atentamente la inclinación de los cuerpos 


los viajes tienen el sentido de una condena quizás puedan ser sustituidos 


con enorme ventaja por el beber 


trenes de espuma cuando la rapidez aumenta se despierta la voracidad de los insaciables 


se desplazan las órbitas de la ausencia se contemplan en el espejo del vértigo 


se multiplica la humillación y un gran pájaro irónico devora al tiempo 


¿Dónde estás? ya no lo sabes la tierra te arrastra 


y una empobrecida alegría nocturna te acecha el rostro de la disipación se desmorona 


la torpe comicidad de la miseria con dientes inútiles y ojos escarlatas 


un uno por ciento de esperanza se recoge en el agua helada de la catarata del odio 


y una especie de tintineo rutilante que suele conocerse con el nombre de compasión 



Pequeño monstruo 

apresúrate a encontrar la desorientación quítate el sombrero ácido 


desnuda tu paso conquista tu posición impersonal medita en la insuficiencia del amor 


ensaya clamores de auxilio busca los caminos peligrosos 


ejercita tus manos en rasgar las vestiduras del cielo 


inmenso es el sueño del mundo inmenso es el porvenir 


toda la sorpresa del espacio te espera. 



ALDO PELLEGRINI

DISTRIBUCIÓN DEL SILENCIO

Ed. Argonauta, Buenos Aires 1966







miércoles, 20 de julio de 2022

Maldonado, Acúfenos

 María Rosa Maldonado

ACÚFENOS Kriller 71, 2022

 

esto es lo que sé

 

conozco la sangre y el espíritu

el mar universal   sus electrones potenciales

el entrelazamiento    de un macizo de adelfas

con alfa del centauro

 

y sé que el principio de la luz    fue el agua

pues son la misma cosa:

 

pensamiento del dios    sueño del dios

lo que se extiende     siempre indescifrable

sobre la blanca planicie de la nada

 

conozco la circunferencia del día    y de los cielos

la amable visita de las nubes

el grano de mostaza

la numerable     arena

donde crece  -contra la sal y el viento- la arenaria de mar

 

sus flores   delicadas y expuestas

 

sé de las noches claras   los fondos abisales

lo que aparece   y no puede   entenderse

 

la terrible delicia de estar vivo

lo incorruptible

 

y la virtud de la fugacidad


EN CUANTO A LA COSA EN SI


en cuanto a la cosa en si

la hormiga la transporta

sin susto

asida con la boca


camina ligera   ligera   sobre la ciénaga del ser

entre la nada y otra vez la nada

a recoger muestras de dios

y hacer con ellas su comida


desconoce su propia oscuridad

pero habla en lenguas

de mayor antigüedad que el arameo


no necesita llegar a la luna:    forma parte de ella


su corazón -largo tubo dorsal por donde fluye la hemolinfa-

es mas sabio que el tractatus de wittgenstein




Laura Quintana, crítica a Byung-Chul Han, inmunitarismo

 Por lo pronto, me concentraré en irradiaciones del primer modelo, al que he llamado «lógica inmunitaria». Pero, antes de trazar algunas de sus constelaciones afectivas, cuestionaré la posición de Byung-Chul Han, ya que este, en su lectura de la «sociedad del cansancio», niega que hoy en día operen de manera significativa formas de protección ligadas con la lógica inmunitaria. Más exactamente, a su modo de ver: 

"Hoy en día, la sociedad incurre de manera progresiva en una constelación que se sustrae por completo del esquema de organización y resistencia inmunológicas. Se caracteriza por la desaparición de la otredad y la extrañeza. La otredad es la categoría fundamental de la inmunología. Cada reacción inmunológica es una reacción frente a la otredad. Pero en la actualidad, en lugar de esta, comparece la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunitaria." (Han, 2017: 13-14) 

Han reduce el sistema inmunológico a su interpretación reactiva-dicotómica (entre el yo y lo otro, el afuera y el adentro), y la lee desde un esquema de «negatividad dialéctica», para el cual se trata de defender lo propio, la identidad, de un otro que lo penetra e intenta negarlo.8 La defensa se realiza entonces como una «autoafirmación inmunológica» en la que se produce la negación de esa negación. También en las formas de «profilaxis inmunológica», como en la vacunación, se produciría esta doble negación solo que mediante una forma controlada del riesgo, al insertar pequeños trazos de un otro (en este caso el virus), que no amenaza realmente la vida, pero que induce al movimiento de autoafirmación mediante la generación de anticuerpos (Han, 2017: 15). Y este esquema se puede extrapolar del campo biológico al campo político, en movimientos de mutua retroalimentación que producen una lógica a veces exacerbadamente defensiva. Para una tal lógica lo otro, con respecto a una identidad social, se puede fijar como una amenaza que desencadena distintos dispositivos de seguridad, que incluyen vallas, fronteras, identificaciones, regulaciones, en las que el otro tiende a aparecer como un enemigo que se ha de reducir y eliminar. Esto se da sobre todo mediante estrategias que permitan desarmar su peligrosidad o neutralizarlo, hacerlo menos amenazador y finalmente reintegrarlo, de modo que ya no valga realmente como alteridad.

...

En todo caso, cuando la pandemia «ataca», como sucedió con el Covid-19, el despliegue de múltiples mecanismos inmunológicos es evidente, sobre todo leídos desde las versiones populares militaristas, pues muchos hablaban del virus como «enemigo» y «amenaza», y comparaban la crisis con una situación de guerra, que exigiría la activación de todos los mecanismos de defensa en la unión consensual contra el enemigo común.

 Ante esta situación, Han se ve obligado a desplegar algunos artificios argumentativos para llegar a afirmaciones como estas: 

"Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. [...] La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente" (Han, 2020)

 Han pierde de vista, así, los mecanismos inmunitarios que ya venían operando en el capitalismo contemporáneo antes de la pandemia. Por eso, para dar cuenta de cómo se agudizan con esta, tiene que recurrir a la tesis contraintuitiva de la compensación, como si hubiéramos estado tan faltos de lógica inmunitaria que, cuando aparece la pandemia, recurriéramos a ella de una forma muy violenta, que delataría —⁠en medio del pánico por el virus— cuán ausente habría estado. Pero es contraintuitivo que en el mundo prepandemia la lógica inmunitaria haya estado ausente, si se piensa en muchos fenómenos globales, previos a la expansión del Covid-19.

...

La pandemia entonces no reactualiza dispositivos inmunitarios sin vigencia, como piensa Han, sino que exacerba una heterogeneidad de dinámicas de este tipo que funcionan —⁠algunas desde hace tiempo y otras más recientemente— en el mundo que habitamos, intensificando algunas de sus tendencias y acentuando otras.

Laura Quintana 

Rabia 

Afectos, violencia, inmunidad 

Herder 2021






Annie Le Brun, exceso de realidad, surrealismo, noche

 Si hoy nos detenemos en la riqueza de las aventuras que resultaron del #surrealismo y que nos llegan a través de testimonios, textos o pinturas como sobrecogedores navios desarbolados, podemos medir la amplitud de la tarea a la que se enfrentó la desinformación culta que ahora se hace pasar por autoridad cultural en cualquier parte del mundo. 


Al primer desconcierto respondió un trabajo de largo aliento que, con objeto de hacer desaparecer hasta el recuerdo de una rebeldia siempre presta a llevar a alta mar, se estableció la regla de sólo retener el aspecto cultural de lo que aún zumbaba de las tempestades atravesadas para resurgir también como una botella en el mar, continente a la deriva o buque fantasma... 


No fue tarea sencilla meter en las casillas de la historia del arte sus formas convulsivas, pulidas o destrozadas, que primero hubo que retirar del remolino que las agitaba, luego despojarlas de la espuma de su inconclusión para finalmente extraer las concreciones de la desesperanza que les confería este aire de extravío.


Insisto en el punto porque, contrariamente a lo que suele pensarse, en absoluto se trata de un problema artístico.


En rigor, lo que se juega aquí es nada menos que la existencia de la #noche , de nuestra noche, de esta noche a la que el hombre regresa a diario para vivir muchas veces lo mejor de su vida. Es esta noche la amenazada por ese nuevo activismo cultural que nada parece poder contener.


#annielebrun 

DEL EXCESO DE REALIDAD

FCE 2004

Más de ANNIE  LE BRUN: 

https://cuartaprosa.com/2020/06/29/una-conversacion-con-annie-le-brun/


https://cuartaprosa.com/2020/08/03/annie-le-brun-del-exceso-de-realidad-entrevista-con-katrine-duperou/



viernes, 10 de junio de 2022

Benasayag, Existencia, Negatividad, Evaluación, utopía

 DE LA SUPRESIÓN DE LO NEGATIVO A LA APARICIÓN DE POSTORGÁNICO


Nuestra sociedad es la primera que no sabe qué hacer con lo negativo. Las sociedades 'no-modernas', no occidentales, incorporaban orgánicamente lo negativo, dicho en un sentido general: la muerte, la enfermedad, la tristeza..., es decir, la pérdida; lo negativo como parte de un todo. 


En la evolución de las especies y de la vida en la Tierra, la incorporación de lo negativo no es mencionado como tal; lo negativo corresponde a mecanismos de autorregulación sometidos a la constricción que, precisamente, han hecho posible la evolución. 

...

Nuestra sociedad moderna, contrariamente a las no-modernas, tuvo un tratamiento especial de la negatividad, que consistió en integrarla e, incluso, darle un rol muy central: era la que mostraba por dónde pasaba el camino, lo que indicaba los logros del hombre y de la humanidad. 


En la dialéctica hegeliana o marxista, la injusticia, la enfermedad, lo raro, llamada antite- sis, es de donde podía emerger la síntesis, y eran necesarias. Lo negativo en la modernidad estaba completamente incorporado al dispositivo de pensamiento y de la acción; pero estaban ahí con la promesa de su futura desaparición. 


Mientras que las sociedades no-modermas, estructuradas en temporalidades no lineales(el eterno retorno, los ciclos), incorporaban la negatividad a través de las prácticas llamadas 'sacrificiales', el hombre de la modernidad creyó poder eliminar toda práctica sacrificial. 


Es ahí que la negatividad resultó incorporadaa la modernidad, bajo un modo (seudo) racional, con la idea de su eliminación a futuro. Este 'muro de contención' de la negatividad provocará su 'retorno' bajo formas siniestras no identificables, y todos ellas concebidos como fallas o defectos de la racionalidad.

...

Para el paradigma dominante actual, de la tecnociencia, toda innovación es considerada, de-facto, como positiva. Entonces, ¿cómo reapropiarse de la negatividad? Al fin de cuentas, ¿para qué lo haríamos, con qué necesidad?


Una cosa es cierta: la negatividad no puede ser reincorporada como en una especie de 'feria tradicional' en la que cada uno elegiría su anclaje o sus costumbres, las cuales, subjetivamente, le darían satisfacción. 


Sin embargo, cualquiera que se preste a ese juego, pertenece de hecho a la tribu de los amos dominadores que destruyen el mundo, y lo consideran como su 'terreno de juego'. 


Paradojalmente, en una sociedad que ve la pérdida como una pura negatividad oscura, y donde la cuestión de lo negativo ha quedado en manos de lo técnico, eliminar esa negatividad pareciera, cada vez más, imposible. La tecnología sostiene:"¡Mañana seremos inmortales!". Pero esa promesa sin límites empapa a nuestros contemporáneos, mientras constatan que se bañan, en verdad, en la impotencia y el miedo. 


IDEOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN Y ODIO A LOS CUERPOS


Poner a prueba ese concreto, ese existir, es existir, es conocer. Y esto es lo gue contradice al paradigma reduccionista (fisicalista) que pretende poder alcanzar un conocimiento de las esencias, y de sus funcionamientos, por fuera de las situaciones de existencia.


Esos conocimientos pretendidamente objetivos y exteriores del fenómeno son informaciones, no conocimientos, y esa diferencia es crucial. 


El problema aquí, entre otros, es que si predecir no es comprender, entonces, en este universo de 'gestión de lo vivo y de las sociedades' hay una fuerte dimensión performativa.


Dicho de otro modo, vamos construyendo realidades que, por dislocación de sus complejas y sutiles dimensiones de sentido, terminan por corresponderse con sus predicciones.


Si no, veamos las técnicas numéricas que operan de modo autorreferencial y crean un mundo paralelo que se supone es hijo y producto de la modelización del mundo real. 


Subrayamos que procuran, de este mismo modo, ver el mundo real en su absoluta transparencia, ya que el paradigma digital ni se cuestiona si todo se puede calcular, que todo es conocible y modelizable.


Pero, en fin, sería una ingenuidad considerar que a ese mundo sí llegaríamos a comprenderlo y preverlo; es un mundo construido por y para los cálculos lineales del comportamiento digital.

...

Es imprescindible darse cuenta de que la ideología de la información es esta hipótesis marcante de nuestra época, que repite y repite " todo es información", que la modelización y la reproducción material de lo que hemos modelizado crean una interfase, que ni es el objeto vivo modelizado, ni tampoco una pura abstracción. 


Insisto porque es esencial comprender que la materialización, la 'corporización' de la síntesis computacional, crea una dimensión distinta a la dimensión biológica o cultural existente. Es una nueva dimensión. 


Efectivamente. una cosa es constatar una continuidad de sustancia entre lo vivo, la máquina y el algoritmo, y otra es concluir que hay una continuidad de funcionamiento. 


Es negar las diferencias cualitativas entre las diferen- tes dimensiones y regímenes de la existencia. Por ello, en la actualidad, la mayoría de los investigadoresestán convemcidos de que su producción a partir del mundo de los algoritmos es la continuidaddirecta con la cosa, que puede devenir la cosa.  

...


La memoria humana, animal, biológica se asienta en el mecanismo de la selección, de la transformación y del olvido, para producir sentido. No recordamos como un disco duro, más bien evocamos con una metabolización orgánica de hechos, con la transformación y su actualización. Es así como Swann, en el segundo volumen de La búsueda del tiempo perdido, no se acuerda más que de algunos acordes de la partitura, y no de la totalidad de la obra. 


Estos fragmentos participan en la producción de sentido, de la situación actual, con una inextricable presencia del pasado. La memoria es un fenómeno vital en permanente devenir, en constante refundación, en la cual los hechos tienen una importancia que nunca es ni determinante ni suficiente. 


Todo aquello conforma una base dinámica, compleja, en continua interacción, y de allí emerge una reconstrucción de esa memoria como una marca vívida, y no como un archivo congelado, a nuestra disposición.


Voy a dar un ejemplo al respecto. Desde un punto de vista neurofisiológico es muy interesante constatar que un niño que calcula una raiz cuadrada o un logaritmo verá su cerebro esculpido por esta operación, fisiológica y tambien anatómicamente, a través del desarrollo de las conexiones. 

...


La memoria humana es una memoria esculpida, porque la vida es precisamente esta 'autoescultura' de lo vivo. Esta escultura, tanto simbólica como corporal, es el fundamento mismo de nuestra identidad. 


A diferencia de una máquina y de un dispositivo digital, que están limitados por sus partes y a su funcionamiento proyectado, en las antípodas de toda altreridad, los humanos y lo vivo son en tanto que son devenir, son proceso. Al igual que las aves migratorias, los humanos devienen por el camino que toman. Lo que eres, tú debes transitarlo, producirlo en el devenir. 

...


LA TIRANÍA DE LA EVALUACIÓN


Desde mi punto de vista médico, es triste constatar que hoy la única posibilidad de ser igual a uno mismo, es decir, de fijarse en una identidad (una identidad tan rígida como una piedra), es evitar vivir antes de morir. Para asegurarnos que nuestra vida se parezca a un currículum vitae, y en cada situación recorrer una suerte de línea sobre la que caminamos, evitando los puntos X que exigen una apuesta y nos enfrentan a riesgos. 

...


Las novedosas prácticas de evaluación permanente, en las cuales los evaluados son los mismos actores, hacen que cada individuo termine siendo un resultado: el resultado de sus competencias útiles en la vida, un balance que acompaña a la máquina en su funcionamiento, tal como lo explica Angélique del Rey en su libro La tirania de la evaluación.


¡Desde la cuna hasta el ataúd deseamos ser evaluados para evitar existir! Para intentar ser máquinas performáticas.


Hay una idea errónea que cree que esta cuestión de evaluación y de vidas convertidas en currículum impacta solo en los 'empleados u obreros', y no es así. 


Todo el mundo, a lo largo de toda su vida, está sometido a vivir como si fuera un permanente resultado de sus competencias. Y por eso, durante mis tránsitos más o menos felices por la universidad, he corroborado que tal y cual no iba a escribir un artículo que no concierne exactamente a su campo, por temor a las represalias. He conocido los lugares o el olor al miedo permanente pero no pensaba encontrar ese mismo olor en las aulas universitarias. ¡Sí, sí, por supuesto! Haremos el doctorado, el posdoctorado, y la carrera, que servirá para el curriculum, dejando por el camino toda afinidad o curiosidad electiva, sea cual fuere. 


De ese modo, la gente exitosa en la elite no vive: ensayan a diario su funcionamiento, y cada día -sin olvidar de hacerlo como un mantra- se repiten que mañana harán lo que desean, pero mañana (obviamente) aparecen nuevas urgencias, no ya las de la vida sino urgencias disciplinarias, de miedo, de quedar como un tonto. Es obvio que todo esto hace que nunca sea un buen momento para hacer alguna (otra) cosa. Y así fabricamos, por un lado, a jóvenes con terror, pues deben forjar un currículum, y, por el otro, a viejos que viven todo el tiempo bajo el paraguas de su curriculum.

...

Desgraciadamente, la utopía occidental ha estado tempranamente capturada por una mirada racionalista, la que no hace un 'uso razonable de la razón'. Las diferentes utopías, en consecuencia, se convirtieron en programas y proyectos de cómo debía ser la sociedad, la vida, la educación, etcétera. 


En todos los casos, no solo han fallado en ese objetivo-mandato, sino que, además, la mayoría de ellos han engendrado lo contrario de lo que procuraban. Aun con todas las diferencias que pueda haber entre ellas, esas utopías tuvieron tres puntos de partida comunes. 


El primero, proponer modelos de vida pensados únicamente bajo el modo de funcionamiento, dejando de lado toda negatividadpropia de la existencia. El segundo punto, el de creer que podiamos pensar la vida a partir de un punto de vista totalizador, globalizante, que, en realidad, es un punto de vista desde ningún lado. Y tercero, el que consideraba que la racionalidad podía, o mejor, debía, gobernar el conjunto de la vida. 


Eso que Kant afirmaba que conduciría a la humanidad a su edad madura. Ahora bien, es imposible pensar la globalidad y, menos aún, pensar desde el punto de vista de la globalidad, porque todo conjunto complejo incluye lo no-representable y conserva sus zonas oscuras para quienes lo habitan. Eso que llamamos 'globalización' no es otra cosa que un elemento más dentro de la multiplicidad. 


En ese sentido va lo que escribió Sartre, cuando señaló que nos com- prometemos siempre dentro de cierta opacidad, sin poder tener jamás el conjunto de todos los elementos. Como veremos, cada elemento no antecede a la situación donde él existe. Y precisamenteeste punto ciego, este 'no-saber", es central en la érica, pues coloca la existencia como precediendo a toda esencia, y más allá del funcionamiento. 


Retomo lo que señalé antes: toda utopía, al decir de Foucault, se funda en el odio de los cuerpos, y si nos detenemos allí, veremos que todas las utopías de la modernidad se han hecho cargo, de un modo o de otro, y de manera más o menos racional, de la hipótesis religiosa a partir de la cual hay que liberarse de los cuerpos, eso que está ahí como la prisión del alma. 


Hoy bien podemos comenzar a pensar a la inversa, que ese 'alma es la prisión del cuerpo, y de los cuerpos. En el sentido que le daba Landauer al concepto de utopía, esto es, la separacióón de la "U" del "Topos", la utopía sería otro modo de llamar al deseo, a la vida, a la existencia, siempre en un devenir. 


Y, si el fin de las utopías implica el fin de modelos seudoracionales, los cuales, atravesados por una narrativa mítica, ordenaban y disciplinaban la vida, entonces vivir y envejecer sin utopías vendría a significar, vivir y envejecer en la alegría de la acción, por el bien de la humanidad, por el deseo de vivir, emancipándonos de proyectos y programas de los "grandes libertadores de todo tipo. Esos que alguna vez definí como 'militantes tristes' que detestan la vida y proponen proyectos que apestan a muerte.


Miguel Benasayag

¿FUNCIONAMOS O EXISTIMOS?

Una respuesta a la colonización algorítmica

Prometeo libros 2021



miércoles, 8 de junio de 2022

Juan José Arreola, CONFABULARIO, cuento EL RINOCERONTE

 EL RINOCERONTE por Juan José Arreola en CONFABULARIO:

Durante diez años luché con un rinoceronte; soy la esposa divorciada del juez McBride. 

Joshua McBride me poseyó durante diez años con imperioso egoísmo. Conocí sus arrebatos de furor, su ternura momentánea, y en las altas horas de la noche, su lujuria insistente y ceremoniosa. 

Renuncié al amor antes de saber lo que era, porque Joshua me demostró con alegatos judiciales que el amor sólo es un cuento que sirve para entretener a las criadas. 

Me ofreció en cambio su protección de hombre respetable. La protección de un hombre respetable es, según Joshua, la máxima ambición de toda mujer. 

Diez años luché cuerpo a cuerpo con el rinoceronte, y mi único triunfo consistió en arrastrarlo al divorcio. 

Joshua McBride se ha casado de nuevo, pero esta vez se equivocó en la elección. Buscando otra Elinor, fue a dar con la horma de su zapato. Pamela es romántica y dulce, pero sabe el secreto que ayuda a vencer a los rinocerontes. Joshua McBride ataca de frente, pero no puede volverse con rapidez. Cuando alguien se coloca de pronto a su espalda, tiene que girar en redondo para volver a atacar. Pamela lo ha cogido de la cola, y no lo suelta, y lo zarandea. De tanto girar en redondo, el juez comienza a dar muestras de fatiga, cede y se ablanda. Se ha vuelto más lento y opaco en sus furores; sus prédicas pierden veracidad, como en labios de un actor desconcertado. Su cólera no sale ya a la superficie. Es como un volcán subterráneo, con Pamela sentada encima, sonriente. Con Joshua, yo naufragaba en el mar; Pamela flota como un barquito de papel en una palangana. Es hija de un Pastor prudente y vegetariano que le enseñó la manera de lograr que los tigres se vuelvan también vegetarianos y prudentes. 

Hace poco vi a Joshua en la iglesia, oyendo devotamente los oficios dominicales. Está como enjuto y comprimido. Tal parece que Pamela, con sus dos manos frágiles, ha estado reduciendo su volumen y le ha ido doblando el espinazo. Su palidez de vegetariano le da un suave aspecto de enfermo. 

Las personas que visitan a los McBride me cuentan cosas sorprendentes. Hablan de unas comidas incomprensibles, de almuerzos y cenas sin rosbif; me describen a Joshua devorando enormes fuentes de ensalada. Naturalmente, de tales alimentos no puede extraer las calorías que daban auge a sus antiguas cóleras. Sus platos favoritos han sido metódicamente alterados o suprimidos por implacables y adustas cocineras. El patagrás y el gorgonzola no envuelven ya el roble ahumado del comedor en su untuosa pestilencia. Han sido reemplazados por insípidas cremas y quesos inodoros que Joshua come en silencio, orno un niño castigado. Pamela, siempre amable y sonriente, apaga el habano de Joshua a la mitad, raciona el tabaco de su pipa y restringe su whisky. 

Esto es lo que me cuentan. Me place imaginarlos a los dos solos, cenando en la mesa angosta y larga, bajo la luz fría de los candelabros. Vigilado por la sabia Pamela, Joshua el glotón absorbe colérico sus livianos manjares. Pero sobre todo, me gusta imaginar al rinoceronte en pantuflas, con el gran cuerpo informe bajo la bata, llamando en las altas horas de la noche, tímido y persistente, ante una puerta obstinada.

CONFABULARIO

FCE, edición conmemorativa 2002

Primera edición 1952


ROSENZWEIG, héroe trágico soledad y arte

 El héroe trágico sólo tiene un lenguaje que le sea perfectamente adecuado: el silencio. Así es desde un principio. Justamente, lo trágico se ha creado la forma artística del drama para poder exhibir el silencio. En la poesía narrativa, el silencio es la regla; la poesía dramática, en cambio, sólo conoce el hablar, y es por su medio como en ella el silencio se vuelve elocuente.


Callando rompe el héroe los puentes que le unen con Dios y con el mundo, y se eleva desde la vega de la personalidad —la cual se delimita frente a otros y se individualiza hablando— a la helada soledad del sí-mismo. El sí-mismo no sabe de nada fuera de él: está absolutamente solo. ¿Cómo manifestará esta soledad suya, esta rígida obstinación en él mismo, si no es callando? 


Y así lo hace en la tragedia de Esquilo, como no dejaron de notar sus con-temporáneos. Lo heroico es mudo. Cuando los grandes silencios de los personajes de Esquilo, que se prolongan un acto entero del drama, ya no se encuentran en los trágicos posteriores, esta ganancia de «naturalidad» se adquiere al precio de una pérdida mayor en fuerza trágica. 


No es, en absoluto, que los héroes mudos de Esquílo conquisten en Sófocles y Eurípides lenguaje, el lenguaje de su mismidad trágica. No es que aprendan a hablar: sólo aprenden a entrar en debate. Lo que hay entonces es una proliferación de ese arte de la disputa del diálogo dramático que a nosotros nos sabe hoy a cosa horrendamente glacial. 


Estos diálogos exponen a la medida del entendimiento, volviéndolo a todas partes en una discusión interminable, el contenido de la situación trágica; y, así, lo propiamente trágico, el sí-mismo que se obstina más allá de todas las situaciones, se pierde de vista, hasta que uno de esos monólogos líricos a los que da siempre ocasión la existencia del coro, trae otra vez lo trágico al centro del drama. 


La inmensa importancia de estas partes lírico-musicales en la economía de la totalidad del drama estriba precisamente en que los áticos no encontraban en lo propíamente dramático —el diálogo— la forma de traer a expresión lo trágico heroico. Pues lo heroico es voluntad, y el diálogo ático, para emplear la expresión del más antiguo teórico, el propio Alistóteles, es dianoético, o sea, discusión a la medida del entendimiento.


El sí-mismo no se exterioriza: está enterrado en sí. En cuanto entra en diálogo, deja de ser sí-mismo. Sólo es sí-mismo mientras está solo.

...

En la tragedia se suscita con facilidad la apariencia de que la caída del hombre singular tenía que restablecer no sé qué equilibrio de las cosas, que había sido perturbado. Pero tal apariencia sólo se apoya en la contradicción entre el carácter trágico y la fábula dramática. 


El drama necesita, para su propia subsistencia como obra de arte, las dos mitades de esta contradicción. Pero lo propiamente trágico se borra así. El héroe tiene como tal que sucumbir únicamente porque su caída le hace posible la más alta condición de héroe, que es la mismificación más cerrada de su sí-mismo. El héroe ansía la soledad de la caída porque no hay mayor soledad que ésta de sucumbir. Por eso mismo, propiamente el héroe no muere. La muerte clausura en él, por así decirlo, los temporalia de la individualidad. El carácter que se ha abierto paso hasta el sí-mismo heroico es inmortal. La eternidad apenas le basta para que resuene su silencio.

...

Los sí-mismos no se encuentran, pero, a pesar de ello, en todos suena la misma nota: el sentimiento del propio sí- mismo. Esta transmisión sin palabras de lo igual tiene lugar aun cuando no hay todavía puente alguno que lleve de un hombre a otro hombre. No tiene lugar de alma a alma. Aún no hay reino alguno de las almas. Ocurre entre sí-mismo y sí-mismo, de un silencio a otro silencio. 


Este es el mundo del arte. Un mundo de muda comprensión que no es un mundo, que no es un nexo real, vivo en cualquier sentido en que se recorra, de habla que va y viene; pero que sí es, sin embargo, capaz, en cualquiera de sus puntos, de ser vivificado por instantes. Ningún sonido rompe este silencio, pero en cada momento puede cada uno sentir en él lo más íntimo del otro. 


Es la igualdad de lo humano la que aquí actúa como enjundia de la obra de arte, antes de toda unidad real de lo humano. Ya antes de toda lengua humana real, el arte, como lenguaje de lo inexpresable, crea la primera comprensión muda, imprescindible en todo tiempo, por debajo y junto al lenguaje propiamente tal. El silencio del héroe trágico calla en todo arte y es entendido en todo arte sin ninguna palabra. El sí-mismo no habla, pero es escuchado. El sí-mismo es visto. 


El puro mirar callado realiza en cada espectador el giro hacia el propio dentro. El arte no es un mundo real, pues los hilos que en él se trazan de hombre a hombre sólo corren entre ellos en ciertos instantes: sólo en los breves momentos de la contemplación inmediata, y sólo en el lugar de esta contemplación. El sí-mismo no se vivifica al ser percibido. La vida que suscita en el espectador no despierta a la vida a lo contemplado, sino que gira, en el propio espectador, de inmediato hacia dentro. El reino del arte ofrece el suelo en que, por doquier, puede crecer el sí-mismo; pero cada sí-mismo es un sí-mismo siempre enteramente solitario, aislado, singular. El arte jamás crea una pluralidad real de mismidades, aunque produce por doquier la posibilidad para el despertar de los sí-mismos.


Pero el sí-mismo que despierta sólo sabe de sí. Dicho en otros términos: en el mundo de apariencias del arte, el sí-mismo permanece siempre sí-mismo: no llega a ser alma. 


El hombre solitario 


¿Cómo podría llegar a ser alma? Alma significaría salir fuera de este estar cerrado en sí vuelto sobre sí. ¿Cómo podría salir el sí-mismo? ¿Quién podría llamarlo? El es sordo. ¿Qué podría atraerlo con su aspecto? El es ciego. ¿Qué iba él a hacer fuera? Es mudo. 


Vive totalmente hacia dentro. La flauta mágica del arte podía tan sólo hacer el milagro de que resonara en los Separados la nota igual de la enjundia humana. Pero ¡qué limitada era esa magia! El mundo así surgido ¡cómo seguía siendo un mundo de apariencias, un mundo de meras posibilidades! 


Sonaba la misma nota y era escuchada, sin embargo, por doquier únicamente en el propio interior. Nadie sentía lo humano como lo humano en otros, sino que todos lo sentían sólo inmediatamente en el propio sí-mismo. El sí-mismo carecía todavía de mirada que viera más allá de sus muros: el mundo entero quedaba fuera. 


Si lo tenía en él, no lo tenía a título de mundo, sino nada más que a título de posesión propia. La human¡dad de la que sabía era únicamente la que había entre sus cuatro paredes. Permanecía siendo para sí el único otro que veía, y cualquier otro que hubiera de ser visto por él tenía que entrar en este su espació visual y renunciar a ser visto como otro. Los órdenes éticos del mundo perdían así, en este espacio visual del sí-mismo que sólo pensaba en sí, todo su sentido propio: pasaban a no ser más que el contenido de su autocontemplación. 


Luego él tenía que seguir siendo lo que era: lo sustraído al mundo entero —como si hubiera sido elevado por encima de él—; lo que se aferra con rígida obstinación a su propio interior y no es capaz de ver lo ajeno a sí más que allá en lo propio y, por tanto, nada más que como propio; lo que almacena todo orden ético como su ethos propio. Así, el sí-mismo era y seguía siendo el señor de su ethos: lo metaético.


Franz Rosenzweig

LA ESTRELLA DE LA REDENCIÓN

Traduce Miguel García-Baró

Eds. Sígueme 1997



miércoles, 25 de mayo de 2022

MARIO LEVRERO, CUENTOS

 LA MÁQUINA DE PENSAR EN GLADYS (NEGATIVO) Antes de acostarme hago la diaria recorrida por la casa, para controlar que todo esté en orden; la ventana del baño chico, al fondo, está cerrada, y el caballo degollado continúa pudriéndose en la bañera; cierro la puerta. para que el olor no llegue al dormitorio de mi cuñado; en la cocina, la canilla está cerrada y la abro, apenas para que gotee; la ventana está abierta y por ella entran el aire frío de la noche y las gruesas enredaderas del jardín; en la lata de la basura y a su alrededor continúan amontonándose cáscaras de banana, y yerba; en la botella quedan restos de vino tinto, veo que hay moscas flotando, muertas y vivas; el reloj del comedor, cuando yo enciendo la luz, comienza a tocar las doce campanadas y se abre la ventanita del cucú y sale la enorme serpiente, se descuelga interminable hacia el piso y desaparece bajo el aparador; sobre la mesa, los restos del festín, las manchas de vino en el mantel, la bombacha rosada de la mujer gorda y un cabo del habano, encendido aún, del inglés calvo; en la biblioteca todo está en silencio, el desconocido, de espaldas a mí, lee en la oscuridad -y cuando pienso en él me corre un frío por la espalda-; la ventanita alta que da al pozo de aire está abierta, y se escucha el rugido del mar y los gritos de los pescadores nocturnos; el living está lleno de gente, hombres y mujeres dispuestos uno junto a otro, de cara a la pared, los brazos en alto; entro al dormitorio y encuentro en mi cama a la mujer, desnuda; promete despertarme mañana a la hora de siempre: extraigo del cajón de la mesa centenares de paquetes de preservativos, lleno con ellos los bolsillos del pijama, y entro al ropero y cierro la puerta desde adentro. 


Por la madrugada me despierto tiritando. alguien ha abierto la ventanita del ropero y tengo fiebre, estoy bañado en sudor y me duele el ojo izquierdo, pido a gritos un médico o una ambulancia, pero estoy en medio de un campo desolado y no hay quien escuche mis gritos.


MARIO LEVRERO

CUENTOS COMPLETOS

Ramdom House 2019



viernes, 6 de mayo de 2022

Adrienne Rich, Cartografías del silencio

 CARTOGRAFÍAS DEL SILENCIO 

1. 

Una conversación empieza

con una mentira. Y cada 


hablante de la supuesta lengua común siente

la escisión del témpano de hielo, la deriva, 


como impotente, como enfrentado a 

una fuerza de la naturaleza.


Un poema puede empezar 

con una mentira. Y ser hecho pedazos. 


Una conversación tiene otras leyes, 

se recarga con su propia


energía espuria. No puede ser hecha 

pedazos. Se infiltra en nuestra sangre. Se repite. 


Inscribe con su irrevocable estilo 

el aislamiento que niega.


2.

 La emisora de música clásica 

que suena hora tras hora en el apartamento, 


el descolgar y descolgar 

y descolgar de nuevo el teléfono. 


Las sílabas que pronuncian 

el viejo guión una y otra vez. 


La soledad del mentiroso 

que vive en la red formal de la mentira,


que gira los diales para ahogar el terror

bajo la palabra no dicha.


3. 

La tecnología del silencio. 

Los rituales, la etiqueta, 


la difuminación de términos, 

silencio no ausencia 


de palabras o música

o incluso sonidos en crudo. 


El silencio puede ser un plan 

rigurosamente ejecutado, 


el cianotipo de una vida. 


Es una presencia, 

tiene una historia, una forma. 


No lo confundas 

con ningún tipo de ausencia.


4. 

Qué apacibles, qué inofensivas 

me empiezan a parecer estas palabras 


aun empezadas en la pena y la rabia. 

Acaso puedo atravesar esta película de lo abstracto 


sin herirme a mí misma o a ti: 

hay suficiente dolor aquí. 


¿Esto es por lo que suena la emisora de música clásica o de jazz? 

¿para dar un fundamento de sentido a nuestro dolor?


5. 

El silencio que (se) desnuda: 

En La pasión de Juana de Arco de Dreyer, 


la cara de Falconetti, el pelo rapado, una gran geografía 

cartografiada sin voz por la cámara. 


Si hubiera una poesía donde esto pudiera ocurrir 

no como espacios en blanco o como palabras


tensas igual que una piel sobre significados,

sino como se hace el silencio al final 


de una noche durante la cual dos personas

han hablado hasta el amanecer. 


6. 

El grito 

de una voz ilegítima. 


Ha dejado de oírse a sí misma, luego 

se pregunta: 


¿Cómo existo? 


Éste era el silencio que yo quería romper en ti.

Yo tenía preguntas pero tú no contestabas. 


Yo tenía respuestas pero a ti no te servían. 

Esto es inútil para ti y quizá para otros.


7. 

Era un tema viejo hasta para mí: 

El lenguaje no lo puede todo. 


Escríbelo con tiza en los muros donde los poetas muertos 

yacen en sus mausoleos. 


Si a voluntad del poeta 

el poema pudiera convertirse en una cosa: 


un flanco de granito al descubierto, una cabeza erguida 

encendida con el rocío. 


Si eso pudiera simplemente mirarte a la cara

con ojos descarnados, sin dejar que te dés la vuelta 


hasta que tú, y yo que ansío hacer esta cosa,

fuéramos por fin clarificadas a la vez en su mirada.


8. 

No. Déjame tener este polvo, 

estas pálidas nubes que, hoscas, se demoran, estas palabras 


que se mueven con feroz precisión 

como los dedos del niño ciego 


o la boca del recién nacido 

violenta de hambre.


 Nadie me puede dar, hace tiempo que he

 adoptado este método 


bien del salvado desparramándose del saco poco tupido 

o de la llama del quemador Bunsen baja y azul. 


Si de cuando en cuando envidio 

las puras anunciaciones al ojo, 


la visio beatifica, 

si de cuando en cuando ansío volverme 


como el hierofante eleusino

que sostiene una sencilla espiga de grano


 para regresar al mundo concreto y eterno, 

lo que en realidad sigo eligiendo 


son estas palabras, estos susurros, conversaciones 

de las que emerge una y otra vez la verdad húmeda y verde.


1975

Adrienne Rich

martes, 19 de abril de 2022

Breton, Blanchot, surrealismo, escritura automática, pensamiento real, juego

 La escritura automática, liberada de la lógica del logos, rechazando todo lo que la emplea y la torna disponible para un empleo, es la proximidad misma del pensamiento, la afirmación que lo afirma, siempre inscrita ya sin transcripción, trazada sin trazos: lo textual. 


De lo cual se seguirá una red de formulaciones necesariamente contradictorias. He aquí algunas. El pensamiento dicta. El dictado automático no significa que lo dicho reproduzca lo pensado, sino que: 


1° pensar es siempre ya el dicho, el indicio de lo que de antemano se destina a la escritura; 


2 se trata del pensamiento ("el funcionamiento real del pensamiento" ) y no de un yo que piensa, de modo que ese dicho, sin entredicho, sin referencia a un poder único de decir, no depende de la iniciativa del sujeto, sino que rechaza la noción de talento, asi como la de obra magistral (obra maestra) y también la de obra, de cultura y hasta de lectura; porque escribir no es leer o dar a leer o hacer legible; nadie sabe por anticipado si la escritura automática sitúa al nivel de la pura ilegibilidad;


3° el funcionamiento real del pensamiento; el término "real" es de los más desventurados cuando se trata del problema de lo surreal; "real debe vincularse con la expresión que lo precisa, cuando, un poco más adelante, se hace alusión al juego desinteresado del pensamiento", 


ese desinterés significa que se suprimen las preocupaciones exteriores estéticas (decir bien), morales (hacer bien, desear bien)- y, por otra parte, todo lo que constituye el yo bajo la protección de la censura y la garantía del remanso: 


el juego desinteresado es la pura pasión, el pensamiento que sigue la inclinación del deseo y como la intensidad de lo que no podria transparecer. 


Pero ¿real? ¿El pensamiento auténtico? No deformado, no encerrado, no alienado. ¿El pensamiento salvaje? 


Real, esa es la tentación a la cual corre el riesgo de sucumbir el surrealismo, cuando se presta a la búsqueda de lo inmediato. 


Con magnífica humildad dice André Breton: "Cada vez creo más en la infalibilidad de mi pensamiento con relación a mi mismo, y es justo. Con todo, en esta escritura del pensamiento en que se está a merced de la primera distracción exterior, pueden producirse 'fallas'. Seria inexcusable tratar de ocultarlo. Por definición, el pensamiento es fuerte e incapaz de encontrarse en falta..." 


Por definición -iPero cuándo está el pensamiento a la altura de su definición? Cuándo es esencialmente fuerte, la fuerza que no podría caer en falta, la energía misma que no sólo pasa a la escritura sino que, dispersándose en ella, se torna el movimiento de escribir en su infinitud? 


¿Podemos entonces afirmar del pensamiento que "es" o que es "real"? Tales palabras son demasiado flojas para designar el pensamiento fuerte, nunca en falta, puesto que sólo nos remiten a lo que estará constantemente en proceso en el surrealismo: no únicamente el realismo vulgar, sino el empirismo y, a través del empirismo, todas las formas en uso de la experiencia (una de las grandes iniciativas surrealistas es precisamente haber separado empirismo y experiencia, realidad y conocimiento). 


O sea que el equívoco del término real y la tentación de lo que de aparentemente fácil tiene lo inmediato serán responsables de la vinculación que se establecerá entre la escritura inmediata y una exigencia de continuidad. Como si el pensamiento, murmullo inagotable, presencia por sí mismo en un devenir igual e ininterrumpido, no cesara de comunicar, de la vigilia al sueño, voz siempre parlante y siempre para oir, y al comunicar, no cesara de estar en comunicación con todo, en continuidad con el todo.


¿Y cómo imaginar, si se habla de lo real, que pueda haber huecos en lo que es, una carencia en el universo, un vacío que no horrorizara a la naturaleza? 


De ahí esa IDEOLOGÍA DE LO CONTINUO de la cual sólo empezamos a liberarnos y de la cual el surrealismo (rebajado por algunos hasta el bergsonismo) es menos culpable que victima, como lo fue Freud y como lo fueron tantas concepciones científicas, políticas y sociológicas  


-ideologia que es fácil de resumir, si depende de dos proposiciones: el mundo -lo real- es continuo; lo discontinuo es lo continuo tal como se manifiesta al hombre incapaz de, tener conocimiento de él y formular su expresión. 


Lo continuo remite a la plenitud del ser; lo discontinuo proviene del conocer, señal de nuestra pobreza (en tanto que, más rigurosamente entendidos, continuo y discontinuo son uno y otro signos de problemáticas diferentes: 


el uno identifica subrepticiamente la realidad a un modelo -el continuo- que no da como modelo, que da por lo único realmente real; 


el segundo afirma que el conocer no es ser alterado y disminuido, el ser menos algo, sino el menos que, producido como acto determinado de lenguaje y de pensamiento, permite esa modalidad nueva, ese cambio radical, esos excesos prodigiosos que son consecuencia de la palabra y el saber todavía nunca sabido). 



Juego: con esta palabra se designa lo único serio que vale. El juego es la provocación mediante la cual lo desconocido, dejándose tomar a juego, puede entrar en comunicación. Se juega con lo desconocido, es decir, con lo desconocido como apuesta. El azar es el signo. El azar se da en un encuentro. El azar introduce, tanto en el pensamiento como en el mundo, en lo real del pensamiento como en la realidad exterior, lo que no se halla, lo que no se encuentra nada más que en el encuentro. 


La escritura automática es entonces la infalibilidad de lo improbable, lo que por definición no cesa de ocurrir y, sin embargo, sólo ocurre excepcionalmente en la incertidumbre y fuera de toda promesa: en todo momento, pero en un momento imposible de determinar, en el de la sorpresa. 


Debido al azar se produce una relación que ya no se funda sobre la continuidad. Lo dicen André Breton y Paul Eluard en su comentario conjunto sobre la POESÍA: "Lo que se crea es la carencia y el hueco", desacreditando la concepción de la plenitud homogénea que se traduciría en cierto modo realmente en el lenguaje y que el lenguaje daría a leer inmediatamente.


Ruptura, carencia, hueco, he aquí la trama de lo textual (lo de dentro, lo de fuera el "tejido capilar") al cual tenemos acces por la inaccesibilidad de la poesía.


La búsqueda de lo inmediato pasa por lo indirecto.

De lo que no fue ni sistema, ni escuela, ni movimiento artístico o literario, sino pura práctica de existencia (práctica de conjunto que encerraba su propio saber, una teoría práctica) no se podría hablar en tiempo determinado. Hablar en pasado, sería historia: una gran historia (la historia del surrealismo sólo tiene un interés de erudición, sobre todo si la concepción de la historia no está modificada por el tema mismo, y hasta ahora no se vislumbra nada que justifique posibilidad). 


En cuanto al presente o el futuro, así como no podríamos sostener que el surrealismo se ha así ha realizado (perdiendo entonces más de la mitad de lo que lo identifica: todo lo que va delante de él), tampoco podemos decir que es real a medias, que está en vías de realización, en devenir. 


Lo que lo constituye como requerimiento absoluto, y tan urgente que, por él, aunque sea de la manera más fortuita, que la espera se abre a lo inesperado, impide remitirlo al porvenir para que se cumpla o tome forma. 


Hablar del surrealismo es hablar sin autoridad y más más bien a media voz, no dirigiéndose a nadie, quizá, sin embargo, a quien ha traspuesto la frontera y ha quebrado la soledad última. No es hablar como de un bien común (¿común a quién?), ni como de un bien propio, no es un bien, y no pertenece a nadie. 


Sólo supongo que aquellos peligrosamente investidos del poder de representarlo saben que, aun si no tiene ni presente, ni futuro, ni pasado, el surrealismo puede a cada instante levantarse ante ellos y reclamar justicia, exigiendo una forma de cumplimiento de acuerdo al sentido que le hayan dado. 


No hay más juicio final que esa exigencia en virtud de la cual cual lo invisible, algo que no existe, será medido por las obras, los actos, el silencio, la resolución práctica, es decir, la vida y la muerte, en un juego conjunto, de todos los que hayan pretendido darle una prueba.


Manifestación de lo no-manifiesto. 



Maurice Blanchot

EL MAÑANA JUGADOR

Sobre el porvenir del surrealismo

en "LA REVOLUCIÓN SURREALISTA

a través de André Bretón"

Monte Ávila eds. 1970

viernes, 18 de febrero de 2022

Linda Pastan, hay poemas que nunca se escriben

 HAY poemas

que nunca se escriben,

que sólo se agitan de un lado a otro

de la mente

como escritura aérea

en un día tranquilo:

lentamente la primera palabra

se deja llevar hacia el oeste,

las últimas letras se disuelven

en la lengua,

y lo que se deja

es el azul puro

de la intuición, sin nubes

ni consuelo.


Linda Pastan

Ed. Igitur 2021

sábado, 12 de febrero de 2022

Levinas Dios ética oración

 Dios no reina más que por la interposición de un orden ético, ahí donde un ser responde de otro. El mundo es, no porque persevere en el ser, no porque ser sea su propia razón de ser, sino porque puede ser justificado mediante la mediación de lo humano. Lo humano es la posibilidad de un ser-para-el-otro. Es la justificación de todo exisir.

De manera que la horación, llamada en hebreo "servicio del corazón", o incluso "trabajo del corazón" (la expresión, de nuevo aquí, es literal) designa la edificación de los mundos o la reparación de las ruinas de la creación... no es una petición, sino un ofrecerse, un "derramarse de su alma" (Haim de Volozina, Nefesh Hahaim)


Emmanuel Levinas

En la hora de las Naciones

Lecturas talmúdicas, ensayos y conversaciones

Eds. Sígueme 2019

Filosofía, traducción, fragmentos

 La filosofía es la forma de la batalla contra lo que está institucionalizado o cercado, porque filosofar es traducir y poner de manifiesto lo intraducible (lo que no puede ser traducido y, sin embargo, tiene que serlo).


(Petar Bojanić)


Una traducción debe incorporar amorosamente y con detalle el modo de significación del original, haciendo así que original y traducción sean reconocibles como fragmentos de un lenguaje mayor, así como los fragmentos son parte de una vasija...


La libertad se hace patente en el idioma propio por amor del lenguaje puro. La misión del traductor es rescatar ese lenguaje puro confinado en el idioma extranjero, para el idioma propio, y liberar el lenguaje preso en la obra al nacer la adaptación.


(Walter Benjamin)


viernes, 11 de febrero de 2022

Rosenzweig, sentido común, espera

 El sano sentido común está desacreditado entre los filósofos... asombrarse quiere decir pararse, quedarse paralizado. Pero el hombre común no se detiene ahí. El río de la vida lo carga a cuestas, sólo tiene que esperar... seguir viviendo. El filósofo no puede esperar. Su asombro no es distinto del asombro del hombre común. Ahora bien, no deja que las cosas alcancen esa disolución de la rigidez que la vida va a traer consigo... con el espetón de la pregunta ¿qué es?, que la sustrae al tiempo, y se hundirá aceleradamente a través del estadio intermedio de su concepto universal en el gris uno y universalísimo de la cosa en general...


Rosenzweig

martes, 8 de febrero de 2022

Ernesto Sábato, Ferdydurke, Gombrowicz

 Para Gombrowicz el combate capital del hombre se libra entre dos tendencias fundamentales: la que busca la Forma y la que la rechaza. La realidad no se deja encerrar totalmente en la Forma, el hombre es de tal modo caótico que necesita continuamente definirse en una forma, pero esa forma es siempre excedida por su caos. No hay pensamiento ni forma que pueda abarcar la existencia entera (y de ahí, como yo decía antes, la imposibilidad de sustituir la expresión poética o mágica de la existencia mediante el puro pensamiento abstracto). 


Y esta lucha entre esas dos tendencias opuestas no se realiza en un hombre solitario sino entre los hombres, pues el hombre vive en comunidad, y vivir es con-vivir; siendo las formas que adopta la consecuencia de esa ineluctable convivencia. (De paso, y como me hace notar mi mujer, esa tenaz y cálida necesidad que Gombrowicz siente por la comunicación lo aleja del existencialismo negativo de un Sartre, para acercarlo, curiosa e inesperadamente, al pensamiento de un escritor como Saint-Exupéry.)


No creo demasiado arbitrario aducir que ese combate es el que eternamente se ha librado entre el espíritu dionisíaco y el espíritu apolíneo, siendo la existencia del ser humano un como equilibrio (inestable) entre ambos, en virtud de esa ley psicológica, ya entrevista por Heráclito, de la enantiodromia, reguladora de los contrastes. 


Tampoco creo arriesgado suponer que lo que Gombrowicz llama la Inmadurez no es otra cosa que el espíritu dionisíaco, la potencia oscura, que desde abajo, como fuerza inferior (en el sentido psíquico y hasta teológico del vocablo, no en el sentido ético) presiona y a menudo rompe la máscara, es decir la persona, la Forma que la convivencia y la sociedad nos obliga a adoptar (una y otra vez, porque nos es imposible sobrevivir sino mediante máscaras o formas). 


Y así como la Inmadurez es la vida (y por lo tanto la adolescencia, el circo, el absurdo, el romanticismo, la desmesura y lo barroco), la Forma es la Madurez, pero también la fosilización, la retórica y en definitiva la muerte; una muerte (curiosa dialéctica de la existencia) que nos es imprescindible para vivir y entendernos.

...

Esta angustiosa lucha entre extremos opuestos, esta esencial antagonía del espíritu humano, se trasluce en Ferdydurke...


Del prefacio de Ernesto Sábato

a la edición en castellano

de FERDYDURKE

de W. Gombrowicz