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sábado, 7 de diciembre de 2019

Filosofía de la generación beat por Kerouac (beatífico)

La Generación  Beat fue  una visión  que tuvimos John Clellon  Holmes y  yo,  y  Allen  Ginsberg  más  salvajemente  todavía,  hacia  fines  de  los años  cuarenta,  de  una  generación  de  hipsters  locos  e  iluminados,  que aparecieron  de  pronto  y  empezaron  a  errar  por  los  caminos  de América,  graves,  indiscretos,  haciendo  dedo,  harapientos,  beatíficos, hermosos,  de  una fea belleza  beat  — fue una visión que tuvimos cuando  oímos  la  palabra  beat  en  las  esquinas  de  Times  Square  y  en  el Village,  y  en  los  centros  de  otras  ciudades  en  las  noches  de  la  América de  la  posguerra  — beat  quería  decir  derrotado  y  marginado  pero  a  la vez  colmado  de  una  convicción  muy  intensa.  Llegamos  incluso  a  escuchar  a  los  viejos  Padres  Hipsters  de  1910  usar  la  palabra  en  ese mismo  sentido,  con  una  entonación  melancólica.  Nunca  aludió  a  la delincuencia  juvenil;  nombraba  personajes  de  una  espiritualidad  singular  que,  en  lugar  de  andar  en  grupo,  eran  Bartlebies  solitarios  que contemplan  el  mundo  desde  el  otro  lado  de  la  vidriera  muerta  de nuestra  civilización...

... Algo  parecido  pasaba  casi  al  mismo tiempo  en  la  Francia  de  posguerra  de  Sartre  y  Genet,  algo  sabíamos de  eso.  Pero  en  cuanto  a  la  existencia  de  la  Generación  Beat,  no  fue verdaderamente  más  que  una  idea  que  se  nos  ocurrió.  Nos  quedábamos despiertos  todo  el  día,  las  veinticuatro  horas,  y  poníamos  discos de Wardel Gray, Lester Young, Dexter Gordon, Wilis Jackson, Lennie Tristano  y  los  demás,  un  disco  tras  otro,  y  hablábamos  incansablemente  de  ese  aire  nuevo  que  sentíamos  en  la  calle.  Escribíamos  relatos  sobre  los  santos  negros  del  jazz  que  hacían  dedo  por  Iowa  con  sus instrumentos  y  grabaciones  y  llevaban  el  mensaje  secreto  del  hálito, de  la  respiración  a  otras  costas,  otras  ciudades,  a  semejanza  de  un  auténtico  Walter  el  Indigente  que  liderara  una  invisible  Primera  Cruzada. Teníamos  nuestros  propios  héroes,  nuestros  propios  místicos,  escribíamos  novelas  sobre  ellos,  las  cantábamos,  y  componíamos  larguísimas odas a los “ángeles”  nuevos  de  la  América  subterránea...

...  es  tal  vez  la  “segunda  religiosidad”  que  profetizó  Oswald  Spengler  para  Occidente  (en  los Estados  Unidos,  el  hogar  definitivo  de  Fausto)  porque  existen  elementos  de  significación  religiosa  oculta  en  el  modo,  por  ejemplo, en  que  un  tipo  como  Stan  Getz,  el  genio  mayor  de  su  generación “beat”,  cuando  lo  metieron  en  la  cárcel  por  intentar  robar  un  almacén,  tuvo  una  súbita  visión  de  Dios  y  se  arrepintió.  Muchas veces  escuchamos  entre  los  hipsters  tempranos  raras  conversaciones  sobre  “el  fin  del  mundo”  en  la  “segunda  venida”,  “visiones”  e incluso  visitaciones,  todos  ellos  creyentes,  todos  fervorosos,  inspirados  y  libres  de  cualquier  materialismo  bohemio-burgués...

La Generación Beat no es vandálica. Al igual que el hombre al que se le ocurrió esa palabra, "beat", para nombrar a nuestra generación, yo también querría decir algo al respecto, antes de que todos en el mundo de las letras nos tomen por "mugrientos", "violentos", "desinteresados" o "desarraigados". ¿Cómo podría alguien estar desarraigado? ¿Desinteresados de qué? ¿De los deseos y po-sesiones? ¿Mugrientos porque no nos vestimos elegantemente? Beat no significa ni abatido ni exhausto; más bien, quiere decir beato, la palabra italiana que designa lo beatífico: vivir en estado de beatitud, como San Francisco, intentar amar la vida en todas sus formas, ser sincero, mantener la paciencia en el sufrimiento, practicar la bondad, cultivar la alegría. ¿De qué modo cumplir con esto en nuestro mundo moderno de multiplicidades y millones? En soledad, quedándose solo cada tanto para extraer el oro más precioso: las vibraciones de la sinceridad. Estar loco no es ser beat. Uno pued.e aislarse pero eso no im-plica despreciar o maltratar a nadie. Lo beat no tiene nada que ver con las viejas variedades de la crítica. Es una forma de afirmación espontánea ¿Qué clase de cultura vamos a tener con gente gris de cara gris que repite:"eso está mal, eso no está bien, eso está mal?...

Era el jazz. El jazz moderno de Symphony Sid y el bop, toda la noche, todas las no-ches. Hacia 1948 la cosa empezó a tomar forma. Fue el año feroz en que varios de nosotros andábamos por la calle y saludábamos a todos y nos parábamos a hablar con cualquiera que nos mirara. Los hipsters tenían ojos. Fue el año en que vi a Montgomery Clift sin afeitar, con un saco gastado mientras caminaba desmañadamente en la Madison Avenue con una mujer. Fue el año en que vi también a Charlie Bird Parker con tricota negra vagando por la Eighth Avenue junto a Babs Gonzales y una chica hermosa. Hacia 1948, los hipsters, o beatsters, se dividían en "cool" y "hot".

Gran parte de los malentendidos sobres los hipsters y la Generación Beat derivan hoy del hecho de que existían dos estilos distintos: el "cool", de barba y sabiduría lacónica, o con melena, delante de un vaso de cerveza sin tocar en algún cubículo beatnik, que habla distante en voz baja y cuyas 1nujeres callan y t1san ropa negra; y el "hot", de mirada brillante, verborrágico (por lo general, inge-nuo y confiado), un loco que corre de un bar a otro bar, de un colchón a otro, ruidoso, incansable entre los beatniks subterráneos que lo ignoran.

La mayoría de los artistas de la Generación Beat pertenece a la escuela "hot"; esa llama, preciosa como una joya preciosa, necesitaba un poco de calor. En muchos casos, la mezcla es 50 y 50. Fue así por ejemplo que un hipster "hot" como yo se volvió "cool" por la vía de la meditación budista, aunque cuando voy a ver jazz me dan todavía ganas de gritarles a los músicos "¡Uhhhhhh!".

En 1948, los hipsters "hot" andaban en coches como en En el ca-mino, buscaban el jazz más furioso, el de Willis Jackson o el de Lucky Thompson (al principio) o la big band de Chubby Jackson, mientras que los "hipsters cool" se qu,edaban fríos en un silencio de muerte cuando escuchaban a grupos superiores como los de Lennie Tristano o Miles Davis. En realidad, era lo mismo, salvo por el hecho de que se convirtió en una generación nacional y el nombre "beat" quedó cristalizado (todos los hipsters odian esa palabra).

La palabra beat significaba inicialmente pobre, abatido, marginal, designaba al vagabundo triste que dormía en el metro. Ahora que se volvió oficial incluye a gente que no duerme en el metro sino que imposta cierto gesto o actitud. La Generación Beat se convirtió en un slogan, en una etiqueta para describir una revolución en los modales de los Estados Unidos. Marlon Brando no fue el pri-mero en llevarla al cine. Antes estuvieron Dane Clark con su rostro dostoievskiano y su acento de Brooklyn, y por supuesto, Garfield. Las miradas reservadas eran beat, no lo olvide1nos. Bogart. Lorre era beat. En M, Peter Lorre inauguró una forma vencida de caminar...

... el nombre empezó a circular realmente en 1955, cuando publiqué un fragmento de En el camino ( combinado con partes de Visions of Neal) con el seudónimo de "Jean-Louis"; el título era Jazz of the Beat Generation y estaba presentado como parte de una novela in progress llamada Beat Generation (un título que, a instancias de mi nuevo editor, cambié por el de En el camino). Por todos lados empezaron a aparecer curiosos hepcats e incluso los universitarios empezaron a usar las pa-labras que yo había escuchado en Times Square a principios de los 40; la cosa se expandía. Pero cuando los editores finalmente juntaron coraje y publicaron En el camino, en 1957, todo explotó; no quedó nadie que no hablara de la Generación Beat. Di cientos de entrevistas en las que tuve que responder por el "significado" de ella. La gente empezó a llamarse a sí misma beatniks, beats, jazzniks, bopiks, bugniks Y a mí se me definió como el "avatar" de todo esto...

Jack Kerouac
La filosofía de la generación beat
Ed. Caja negra, 2015

sábado, 23 de febrero de 2019

Edmund Husserl (1859-1938)

"He vivido como un filósofo y quiero morir como un filósofo».

Aunque de joven se convirtió al protestantismo luterano, los orígenes judíos de Husserl provocaron su exclusión de la Universidad de Friburgo tras el acceso al poder de Hitler en 1933.

La conducta de Heidegger —antiguo alumno de Husserl, y su sucesor en la cátedra de filosofía en la universidad— fue particularmente vergonzosa, e incluso llegó a negarle a su anterior mentor los privilegios de la biblioteca.

En 1935 y 1936, cuando las luces empezaban a apagarse por toda Europa, el anciano Husserl viajó a Viena y a Praga para dar una serie de conferencias que se convirtieron en su último libro, inacabado, titulado La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental.

Para Husserl, la filosofía es la libertad de la total responsabilidad de uno mismo y el filósofo es «el funcionario de la humanidad».

Husserl concluye afirmando que el deber del filósofo es enfrentarse con «el bárbaro odio del espíritu» y renovar la filosofía a través de «un heroísmo de la razón».

En una época de crisis, entonces como ahora, el mayor peligro al que se enfrentan los «buenos europeos» es el hastío, la negativa a asumir la lucha filosófica de la razón contra la barbarie.

Según su antiguo ayudante y devoto discípulo Ludwig Landgrebe, cuando Husserl fue atacado por la enfermedad que acabaría con su vida, sólo tenía un deseo: poder morir en la forma digna de un filósofo.

Rechazando la intercesión de su iglesia, Husserl dijo: «He vivido como un filósofo y quiero morir como un filósofo».

El libro de los filósofos muertos
SIMON CRITCHLEY
Ed. TAURUS reedición 2019


martes, 6 de marzo de 2018

Wallace Stevens, nubes, filósofos funestos

Filósofos funestos, caviladores tristes,
al evocar exhalan el habla de las nubes.
También al discurrir de vuestros rituales
retornos o evocando los caminos andados
a lo largo de arcanas y viejas estaciones.

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Constituyen el canto de la resignación.
Son las sensibles pompas aún vigorizantes
que habréis de engrandecer, si es que acaso queréis
que alguién siga los rumbos de vuestros residuos
alguien más que esplendores de la luna y el sol.

(Sobre el modo de dirigerse a las nubes
HARMONIUM, Wallace Stevens
Ed. Icaria 2002)

VERDAD POÉTICA

Lo increíble no es una parte de la verdad poética.

Por el contrario, lo que nos importa en poesía,
como en todo lo demás,
es la creencia de la gente crédula en las cosa creíble...

verdad (poética) es un pacto con la realidad,
originado por la imaginación de un hombre dispuesto
a dejarse influir fuertemente por su imaginación,
a la cual, cree, por un momento, verdadera,
expresado en términos de sus emociones,
o, por decirlo sin restricción,
en términos de su propia personalidad.

De "The figure of the youth as viril poet"
1943, Wallace Stevens

Amador Fernández-Savater, filosofía, pirata

¿Podemos piratear la filosofía? Mancharla de las preguntas que nos pone la vida día a día. Llevarla a otros lugares, habitados. Reapropiarnos de la capacidad de plantear problemas e inventar respuestas.

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A lo largo de los años, siempre enredado con otros, he seguido insistiendo más o menos en la misma relación con el pensamiento: precaria y desordenada, movilizada desde preguntas o pasiones vitales, sin aspiración a "saber", sino más bien a construir una mirada propia, como parte de una pelea por la autonomía.

Hay que pensar si no queremos ser pensados por otros, si no queremos limitarnos a vivir según las categorías establecidas.

Una definición clásica de la filosofía (que podemos encontrar en los diálogos platónicos) dice así: es el diálogo de uno consigo mismo. Lo podemos traducir y entender del modo siguiente: pensar es el esfuerzo por recuperar y mantener una relación de intimidad con nosotros mismos.

Es decir, por plantear nuestros propios problemas e inventar nuestras propias respuestas (que no "soluciones"). No delegar el relato sobre lo que somos. Pero parece preciso añadir algo a la definición clásica: no se trata de una conversación solitaria, algún tipo de monólogo o soliloquio, sino que se desarrolla con otros, en compañía de otros, a través de otros, tomando ("robando") las palabras de otros para construir las nuestras.

Llegamos así a la "filosofía pirata", que es el nombre que le vamos a dar aquí a esta otra relación con el pensamiento de que venimos hablando. Aunque sería mejor hablar de "piratear la filosofía", porque se trata de una acción, de una práctica y no de una doctrina (ni siquiera pirata).

Le decimos "pirata" porque agarramos la filosofía desde algo no filosófico. La abordamos más bien, es un abordaje. Ese "algo" puede ser una pregunta, un problema, un choque con la realidad, una pasión... Es algo que nos afecta vitalmente en todo caso y nos empuja a pensar.

Planteo ahora cuatro calas (ensayos, tanteos) para pensar este abordaje pirata de la filosofía:

— La filosofía digamos oficial (no pirata) se piensa a sí misma persiguiendo lo verdadero, contra las ilusiones que nos engañan y dominan (opiniones, dogmas, mitos, supersticiones, ideologías, etc.). La verdad no tiene que ver contigo o conmigo, es un "discurso de nadie" nos explicaba precisamente Carlos en sus clases. "La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero", decía en ese mismo sentido el Mairena de Machado ("conforme" responde Agamenón y "no me convence" dice el porquero).

La filosofía pirata relaja esta preocupación por la Verdad y lo Verdadero (y relaja también la crítica de esa pretensión, que es lo mismo pero al revés). Se trata más bien de pensar (desde) ese "algo" que nos pone en movimiento: situación, problema, pregunta. Construir una mirada sobre el mundo a partir de ahí. Poner algo en perspectiva. Organizar un punto de vista situado en un lugar concreto, pero que puede alcanzar muy lejos.

— Pensar, según la filosofía pirata, tiene que ver con activar la imaginación sensible (considerada desde la filosofía oficial como la fuente misma del error y de la ilusión). Piratear la filosofía es relacionarnos con los afectos disimulados en los textos, despertar sus deseos dormidos. Es interferir el discurso (cualquier pedazo de discurso) con nuestras experiencias: colocar junto a las palabras que leemos o escuchamos nuestras propias vivencias. Nada de "buena distancia" pues. Entender no exige nuestra "inmovilización" (transmisión sin emoción, recepción desafectada, imparcialidad), sino justo lo contrario: el paso de energía afectiva de un texto a un cuerpo que lee, de un cuerpo que lee a un texto.

Un "buen profesor" de filosofía pirata (que puede ser simplemente un amigo o una amiga) sería quien favorece "buenos encuentros" entre algo que nos pasa y nos pone en búsqueda, y un pedazo de discurso que nos puede ayudar. Encuentros amorosos, singulares, respetando los tiempos y los ritmos de los cuerpos que se atraen (cuerpo de letra, cuerpo físico), no acercamientos banales, mecánicos o instrumentales. El filósofo pirata es más una "celestina" que la "partera" que dice Sócrates.

— Piratear no significa repetir el viaje del otro, sino emprender nuestro viaje a partir del viaje del otro: abrir una bifurcación o hacer una deriva. En la filosofía oficial, entender significa repetir sin transformar (y es lo que se valora con la máxima nota en un examen). Un "buen alumno" tiene pues algo de robótico: repite lo mismo, reproduce en serie, replica sin alterar.

El texto teórico se plantea así como un modelo a ser imitado. Piratear la filosofía es, por el contrario, abrir posibilidades inéditas a lo que leemos o escuchamos. Hacer una variación propia a los autores que trabajamos. No hacer lo ya hecho, sino re-hacer.

El investigador no es un autómata que imita, sino un viajero que va abriendo su propio recorrido, agrega o plantea otros axiomas, experimenta nuevas conexiones y combinaciones (este pedazo de filosofía y este pedazo de cine y este pedazo de conversación y...). La filosofía pirata tiene forma de patchwork (muy distinto al copy-paste carnicero): teje con cuidado distintos jirones, añade nuevos pedazos de realidad a la realidad.

— Por último, la filosofía pirata se hace entre amigos. ¿Quiénes son aquí los amigos? Son los afectados por lo mismo (pregunta, problema o pasión), aunque no sean afectados de la misma manera. La amistad pirata es el vínculo de afecto entre quienes se necesitan unos a otros para pensar juntos lo que les pasa (y no pudrirse en soledad o "ser pensados" por los poderes que pretenden clasificar y dirigir las conductas humanas, los diferentes modos de conducirse).

"Entre amigos" no equivale a "colectivamente": es más el vínculo tenso y vivo entre lo personal/singular (la afectación de cada quien) y lo común/compartido (aquello que permite encontrar siempre nuevos amigos).

Comunidades de afectados por tal o cual problema, amigos que necesitan pensar (desde) una diferencia sexual, mental o corporal, etc. Cualquiera de estos grupos de amigos es un barco pirata a la deriva, a la búsqueda de galeones españoles que asaltar para liberar el tesoro del pensamiento y ponerlo al servicio de la vida.

Cuando uno se hace pirata de la filosofía descubre casi inmediatamente que hay y ha habido otros muchos "hermanos de la costa", que la filosofía está llena de ellos, que algunos nombres de los que pasan por autores oficiales fueron piratas en su día (y pueden ser de nuevo perfectamente pirateados).

Y se pregunta: ¿no serán precisamente esos piratas los "salvadores" de la filosofía, es decir, quienes la mantienen viva?

Busquemos ahora la analogía con los piratas contemporáneos. ¿Qué es lo que estos hacen? Multiplicar las cosas, como en el milagro de los panes y los peces. Multiplican los programas informáticos, los CD's y los polos Lacoste. Ya Platón advertía por esto mismo contra los sofistas: "Cuidado, eso no es filosofía. Lo parece pero no lo es". El peligro de los piratas es la calidad de los simulacros que producen (las artes retóricas de los sofistas, en este caso). Me imagino a los dueños de Lacoste hablando un poco en los mismos términos: "Cuidado, ese polo que se vende por la calle no es Lacoste. Lo parece pero no lo es". Es un simulacro, muy parecido (incluso puede ser que lo hayan hecho las mismas manos y en el mismo taller), pero falso. No está bien firmado, no se vende donde debiera, etc.

En el "pirateo" hay un efecto de circulación, multiplicación, democratización, accesibilidad, devaluación de los códigos propietarios y el copyright (el nombre-marca del autor, el valor único del original).

Y esta copia infinita –que no es copia, sino variación– es en realidad la "salvación" de la filosofía. Porque pone un lujo – la posibilidad de pensar lo que nos pasa en lugar de vivir simplemente según el pensamiento de otros – al alcance de cualquiera.

* Este artículo parte de las notas leídas en el encuentro organizado por la asociación "Escuela y Autogestión" y realizado en la librería Muga de Vallecas el lunes 20 de febrero de 2017. Se nutre del diálogo posterior con tantos amigos y amigas filibusteras que estuvieron allí: Paco, Marinete, Marta, Irene, Acacio, Soledad, Juan, Frauke, Jun, Jaime...

** El autor más pirateado para este texto es Jean-François Lyotard, en especial la última parte ("Economía de este escrito") de su libro Economía libidinal.

* Durante tres años, entre varios amigos (Marga, Raquel, Eva, Óscar y yo), hicimos Una Línea sobre el Mar, un programa dedicado a este tipo de filosofía profana y amateur que llamábamos entonces "filosofía de garaje".

Amador Fernández-Savater
eldiario.es 24-2-2017