domingo, 17 de noviembre de 2019

Emmanuel Levinas, SUSTITUCIÓN, Yo significa heme aquí

(SUBSTITUCIÓN) El término Yo significa heme aquí, respondiendo de todo y de todos. La reponsabilidad para con los otros no ha sido un retorno sobre sí mismo, sino una crispación exasperada, que los límites de la identidad no pueden retener.

La responsabilidad para con el otro, que no es el accidente que le adviene a un Sujeto sino que precede en él a la Esencia, no ha alcanzado la libertad donde habría adquirido el compromiso para con el otro.

La recurrencia se convierte en identidad al hacer estallar los límites de la identidad, el principio del ser en mí, el intolerable reposo en sí de la definición.

Sí mismo, más acá del reposo: imposibilidad de retornar de todas las cosas para no ocuparse más que de sí, sino mantenerse a sí mismo devorándose.

La responsabilidad dentro de la obsesión es una responsabilidad del yo respecto a lo que ese yo jamás ha querido, es decir, respecto a los otros.

Esta anarquía de la recurrencia a sí, más allá del juego normal de la acción y la pasión donde se mantiene -donde es- la identidad del ser, más acá de los límites de la identidad.

Esta pasividad sufrida en la proximidad por medio de una alteridad en mí, esta pasividad de la recurrencia a sí que, sin embargo, no es la alienación de una identidad traicionada, ¿qué otra cosa puede ser más que la substitución de mí por los otros?

No es, sin embargo, alienación puesto que el Otro en el Mismo es mi substitución del otro conforme a la responsabilidad, por la cual, en tanto que irreemplazable, yo estoy asignado.

Por el otro y para el otro, pero sin alienación, sino que inspirado. Inspiración que es el psiquismo, pero un psiquismo que pueda significar esta alteridad en el mismo sin alienación, a modo de encarnación, como ser-en-su-piel, como tener-al-otro-en-su-piel.

En esta substitución en la que la identidad se invierte, en esta pasividad más pasiva que la pasividad conjunta del acto, más allá de la pasividad inerte del designado, el sí mismo se absuelve de sí.

¿Libertad? Otra libertad distinta a la de la iniciativa. Mediante la substitución de los otros, el sí mismo escapa a la relación. En el límite de la pasividad, el Sí mismo escapa a la pasividad o a la inevitable limitación que sufren los términos dentro de la relación; en la incomparable relación de la responsabilidad el otro no limita al mismo, sino que es soportado por lo que limita.

Emmanuel Levinas
De otro modo que ser o más allá de la esencia
Eds. Sígueme 2003


viernes, 8 de noviembre de 2019

Gombrowicz, forma, inmadurez, persona

Para  Gombrowicz  el  combate  capital  del  hombre  se  libra entre  dos  tendencias  fundamentales:  la  que  busca  la  Forma  y  la  que la  rechaza.  La  realidad  no  se  deja  encerrar  totalmente  en  la  Forma,  el hombre  es  de  tal  modo  caótico  que  necesita  continuamente  definirse en  una  forma,  pero  esa  forma  es  siempre  excedida  por  su  caos. 

No hay  pensamiento  ni  forma  que  pueda  abarcar  la  existencia  entera  (y de  ahí,  como  yo  decía  antes,  la  imposibilidad  de  sustituir  la  expresión poética  o  mágica  de  la  existencia  mediante  el  puro  pensamiento abstracto). 
Y  esta  lucha  entre  esas  dos  tendencias  opuestas  no  se realiza  en  un  hombre  solitario  sino  entre  los  hombres,  pues  el  hombre vive  en  comunidad,  y  vivir  es  convivir;  siendo  las  formas  que  adopta la  consecuencia  de  esa  ineluctable  convivencia. 

(De  paso,  y  como  me hace  notar  mi  mujer,  esa  tenaz  y  cálida  necesidad  que  Gombrowicz siente  por  la  comunicación  lo  aleja  del  existencialismo  negativo  de  un Sartre,  para  acercarlo,  curiosa  e  inesperadamente,  al  pensamiento  de un escritor  como  Saint-Exupéry.)

No  creo  demasiado  arbitrario  aducir  que  ese  combate  es  el  que eternamente  se  ha  librado  entre  el  espíritu  dionisíaco  y  el  espíritu apolíneo,  siendo  la  existencia  del  ser  humano  un  como  equilibrio (inestable)   entre   ambos,   en   virtud   de   esa   ley   psicológica,   ya entrevista   por  Heráclito,  de  la   enantiodromia,  reguladora  de  los contrastes.

Tampoco  creo  arriesgado  suponer  que  lo  que  Gombrowicz llama  la  Inmadurez  no  es  otra  cosa  que  el  espíritu  dionisíaco,  la potencia  oscura,  que  desde  abajo,  como  fuerza  inferior  (en  el  sentido psíquico   y  hasta  teológico  del  vocablo,  no  en  el  sentido  ético) presiona  y  a  menudo  rompe  la  máscara,  es  decir  la  persona,  la  Forma que  la  convivencia  y  la  sociedad  nos  obliga  a  adoptar  (una  y  otra  vez, porque   nos   es  imposible   sobrevivir   sino   mediante   máscaras   o formas). 

Y  así  como  la  Inmadurez  es  la  vida  (y  por  lo  tanto  la adolescencia,  el  circo,  el  absurdo,  el  romanticismo,  la  desmesura  y  lo barroco),  la  Forma  es  la  Madurez,  pero  también  la  fosilización,  la retórica  y  en  definitiva  la  muerte;  una  muerte  (curiosa  dialéctica  de  la existencia)  que  nos  es  imprescindible  para  vivir  y  entendernos.

Hasta el  punto  que  el  mismo  dionisíaco  Gombrowicz  debe  acceder  a  ello, intentando  finalmente  expresar  su  caos  y  su  ambigüedad  mediante una  obra  de  arte;  que,  como  toda  obra  de  arte,  en  última  instancia  es un  orden,  una  Forma.  Forma  que  al  mismo  tiempo  que  expresa  a Gombrowicz,  como  a  todo  artista,  también  lo  traiciona  e  intenta agotarlo;  motivo  por  el  cual  el  poeta  o  novelista  necesita  lanzarse  a  la creación  de  otra  obra,  y  luego  de  otra  y  así  ad  infinitum;  resultando de  ese  modo  que  el  creador  es  superior  a  su  obra  misma,  al  menos hasta  el  momento  de  su muerte  física.

Ernesto Sábato
pasajes del prefacio de 1964 a
FERDYDURKE
de Witold Gombrowicz

 (Ilustra edición de 1968
de novela SEDUCCIÓN
título original Pornografía,
que parte Ferdydurke)

Y de su introducción:

Ser una persona equivale a no ser nunca uno mismo. Creada por la forma. Toda forma superior nos pueriliza. La persona, torturada por su máscara, se construye en secreto, para su uso privado, una especie de subcultura: un mundo hecho con los desperdicios del mundo cultural superior, un dominio de la ratería, de los mitos informes, de las pasiones inconfesadas... un dominio de compensación. Es allí donde nace una poesía vergonzosa, una cierta comprometedora hermosura...


martes, 5 de noviembre de 2019

Trascendencia atea por el otro en lo neutro del vacío (Blanchot, Levinas, Critchley)

Para Blanchot, Levinas restaura la extrañeza y el horror de la relación interhumana como problema central de la filosofía, y muestra cómo se puede comprender la trascendencia en términos de una relación social.

Blanchot se abstiene rigurosamente de suscribir dos afirmaciones levinasianas: primero, que la relación con la alteridad pueda entenderse éticamente en algún nuevo sentido metafísico; y segundo, que la relación tenga implicaciones teológicas (el rastro de la "illeidad").

Aún suscribiendo la descripción levinasiana de la relación con "autrui" (de una forma que no deja de ser problemática) Blanchot pone entre paréntesis los términos "ética" y "Dios",  y por lo tanto se abstiene de la afirmación metafísica del Bien más allá del Ser.

Blanchot conserva la ambigüedad o la tensión de la relación con el "autrui", la cual no puede reducirse a la positividad del Bien, ni a la negatividad del mal.

La relacion con el Otro no es positiva ni negativa en ningún sentido metafísico absoluto; es más bien neutral, una experiencia de neutralidad que (y eso es  importante) no es impersonal, y que se manifiesta en y como aquella ambigua forma de lenguaje que Blanchot llama literatura.

(La literatura quiere llegar a las cosas antes de su negación por el lenguaje, es el intento de evocar la realidad de las cosas: la opacidad de la noche, el débil resplandor de la materialidad. Para Blanchot, que indudablemente piensa en Rilke  y en Ponge (yo pensaría en Wallace Stevens y en Seamus Heaney), esa es la tarea de la poesía.Si la primera vertiente de la literatura aspira a reducir toda realidad a conciencia -la luz pura del día-, a través deltrabajo de la negación, la segunda vertiente de la literatura pretende alcanzar la inconciencia total -la noche pura- y fundirse con la realidad y la materialidad de las cosas. El hecho de que la literatura no pueda alcanzar ni la conciencia total ni la inconciencia total lleva, según Blanchot, a un descubrimiento fundamental: "Al negar el día, la literatura reconstruye el día como fatalidad; aI afirmar la noche, descubre la noche como la imposibilidad de la noche. Este es su descubrimiento". Para Blanchot la ambigüedad es la verdad de la literatura, y tal vez también la verdad de Ia verdad, lo que es como decir que la verdad se caracteriza por Ia duplicidad y la ambivalencia (igual que a la physis le encanta ocultarse)


La enseñanza esencial de Levinas es la primacía de la relación humana como aquello que no puede ser ni rechazado ni comprendido, y su descripción de una subjetividad dispuesta a la responsabilidad.

Antes que ninguna afirmación metafísica del Bien o de Dios surgida de esta relación, lo que sigue atrayéndome de Levinas es la atención al otro, a la exigencia que supone el otro sobre mí, y a la forma como esa exigencia cambia mi concepción de mí mismo.

Ahora bien, ¿cómo se hace efectiva esta exigencia?... la primera experiencia de una alteridad no reductible al yo ocurre en la relación con la muerte, con la inaprensible facticidad del morir.

Teniendo esta idea bien presente, me gustaría afirmar, de acuerdo con Blanchot, que en la relación con la alteridad de la muerte, tanto de mi morir como del morir del otro, no se abre la trascendencia del Bien más allá del Ser, ni tampoco el rastro de Dios, sino la alteridad neutral del "il y a", la escena primordial del vacío, la ausencia y el desastre, lo que estoy tentado de llamar, de forma algo incongruente, trascendencia atea.

Simon Critchley
Muy poco... casi nada
Muerte, filosofía, literatura
Sobre el nihilismo contemporáneo
Ed. Marbot 2007

(Ilustración de la historia gráfica
EL BRUJO de Carla Berrocal
Eds. de Ponent 2011,
con cita de Violeta Parra)